21 de mayo de 2018

IPLA: O Mundo - Visto pela Psicanálise. Nº 191




18 de maio de 2018 | Nº 191


Lugar Algum
Nessa edição Jorge Forbes fala sobre a psicanálise do século XXI, que pede novos paradigmas para lidar com novos sintomas. "Se ontem nos limitávamos em nossa práxis ao espaço do consultório, hoje haverá psicanálise onde houver um analista, e ele é necessário nos mais diversos locais da experiência humana, muito além das instituições de saúde".
Uma entrevista com Bete Coelho revela como a psicanálise também se mostra no palco pelos paralelos entre o ator e o analista. E na tela do IPLA, o lançamento do novo evento "Sessões: Cinema & Psicanálise".


Nesta edição:

Psicanálise do Homem Desbussolado
"Aforismo é uma sentença que em poucas palavras se compreende". Jorge Forbes propõe um texto num formato provocativo. "Proponho alguns aforismos sobre as mudanças necessárias a uma Psicanálise do Século XXI. Informações de relevância, porém concisas, o que obriga a cada um por de si, ao completá-las." Leia o texto completo no site.
Nesta edição:
15 min

Entrevista com Bete Coelho
Numa entrevista ao IPLA, a atriz Bete Coelho falou com Teresa Genesini sobre os paralelos entre o trabalho do ator e do psicanalista, à luz do texto de Jorge Forbes "O Analista e O Ator" e da peça que protagoniza, do jornalista e dramaturgo Otávio Frias Filho, "O Terceiro Sinal". Confira os melhores momentos na playlist do youtube.
Nesta edição:
25 min

Cinema & Psicanálise: 26/maio - ELLE
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19 de mayo de 2018

Boletín #4, 5, 6, 7 y 8: La Soledad y el Vínculo Social. 1ra Jornada de la FCPOL. El psicoanálisis en las instituciones, por Araceli Fuentes, Marta Maside, Isabel Capelli, Vicente Palomera, Gisela Cordido, Eugenio Díaz.

 
http://fcpol.org/

 

 

# 4

LA SOLEDAD DEL SÍNTOMA  Y  EL VÍNCULO DE LA TRANSFERENCIA 
Araceli Fuentes

El síntoma es una fijación de goce cerrada sobre sí misma. El sufrimiento que produce el síntoma en quien lo padece no es suficiente para que éste se abra al Otro y pueda ser tratado. ¿Qué puede permitir entonces su tratamiento?, ¿Qué mecanismo abre el síntoma  permitiendo la instalación de un primer vínculo al que llamamos transferencia?

¿Qué es la transferencia? La transferencia es creer en su síntoma, creer que su síntoma puede decir algo de usted. A partir de la instalación de la transferencia usted supondrá que existe un saber sobre su síntoma y eso permitirá poder descífralo descubriendo, tanto  la verdad inconsciente que hay en él, como el goce que allí  se fija. Es un hecho descubierto por el psicoanálisis que el síntoma no solo es una verdad a descifrar sino también un modo de goce experimentado como displacentero.

La transferencia no se produce automáticamente, no es suficiente con sufrir a causa de su síntoma para que la transferencia se dé. Para que un síntoma sea analizable y para que se instale el vínculo  transferencial, es decir la suposición de que hay un saber que puede dar cuenta de su síntoma,  un paso previo es necesario. Ese paso imprescindible para la instalación de la  transferencia  es la implicación del sujeto en su síntoma. En un principio el sujeto no siente que su síntoma sea cosa suya, lo vive como algo impuesto, ajeno a su querer y a su voluntad, por eso es necesario un trabajo previo que le permita  darse cuenta de qué modo  está implicado en eso de lo que se queja y le hace sufrir.  Sólo cuando el sujeto puede reconocerse en su síntoma, cuando puede ver cuál es complicidad con aquello de lo que sufre, sólo entonces el síntoma se abre a la transferencia volviéndose analizable. La transferencia que no es solo la suposición de un sujeto al saber sino que es también una forma de amor, que no se dirige al analista,  sino al saber, ese saber que en el análisis se habrá de producir.

Es el caso de Dora cuando va a ver a Freud, Dora llega a la consulta de Freud denunciando una trama que sólo podía darse con su complicidad, y es en el momento en que Freud  le muestra su complicidad necesaria para que eso que ella denuncia se produzca cuando el análisis comienza. Por eso decimos que la clínica psicoanalítica es una clínica articulada a la ética, porque implica al sujeto en lo que le ocurre y no puede hacerse sin su consentimiento.

Se podría objetar que hay síntomas que se inscriben en un vínculo sin necesidad de ser analizados,  hay tratamientos comunitarios de los síntomas, existen grupos de anoréxicas, de deprimidos, de toxicómanos, etc; pero estos síntomas son síntomas  sin sujeto y sin inconsciente, es decir que no se toma en cuenta lo singular de cada uno de los sujetos que padece el síntoma, al contrario, se hace como si los síntomas de diferentes sujetos tuvieran un sentido común, cosa que sabemos que no es así, no hay sentido común de los síntomas porque cada síntoma se ha constituido a partir del encuentro traumático entre el cuerpo y la lengua que afecta a cada uno de una manera diferente. Lo que ha producido la fijación de goce que anida en el síntoma es esa lengua llamada materna, lengua originaria que el niño escucha antes de ser un sujeto de la palabra, antes de poder saber lo que significa. La lengua materna  no es neutra, ninguna lengua lo es, pero en este caso es evidente que el modo que tiene la madre de hablarle a su hijo  porta el goce de quien la enuncia. Nacemos a un mundo de palabra pero la palabra está impregnada de goce, las palabras nos hieren, nos alegran, nos ponen tristes, en definitiva, nos hacen gozar.

El tratamiento psicoanalítico del síntoma consiste en deshacer los equívocos de la lengua que fijaron el goce del síntoma, parece lógico que si la lengua está implicada en la formación de los síntomas, sea a través de la lengua como estos puedan ser tratados.



# 5

LA SOLEDAD, Y EL VÍNCULO
Marta Maside

El proyecto de la FCPOL nos convoca a sus flamantes primeras Jornadas, bajo un tema ineludible en nuestros tiempos, marcados por los procesos de segregación.
Me parece que precisamente es eso de lo que se trata. Si la soledad del ser hablante es inevitable, y si la lógica de nuestro modo de vida contemporáneo la eleva a la enésima potencia, ¿qué vínculo esperar? ¿cómo hacerlo?
Veinte años de práctica en una institución orientada por el psicoanálisis lacaniano me han enseñado algunas cosas sobre ambas cuestiones, la soledad y el vínculo. Por ejemplo, que el modo de hacer vínculo de cada sujeto, que siempre es sinthomático, es una de las cuestiones fundamentales que se trata en el curso de un análisis. Cuando la palabra logra tocar algo de la posición de goce de un sujeto, el lazo con el otro se reordena.
Y por ejemplo, que los casos de psicosis ordinaria suelen hallar, no sólo una solución frente a los desanudamientos que los traen a consulta, sino también —en no pocas ocasiones— un lugar entorno al cual tejer un pequeño lazo social; y un lugar, orientado por el discurso del psicoanálisis.
El discurso del psicoanálisis, allí, entonces, hace lazo también. Hace lazo haciendo síntoma al discurso del amo, que gestiona la salud mental, descompletándolo. Hace lazo generando transferencias, acercando el discurso analítico a sujetos que, de otro modo, tal vez jamás hubieran sabido de su existencia, o peor aún, de sus efectos.
Pero también hacen lazo, allí, los analistas. Más allá de los efectos de formación, rigurosa, que produce el trabajo continuado a lo largo de los años en las sesiones clínicas orientadas por la lógica analítica, el affectio societatis se cuida y florece entre los colegas, pues como constatamos, el deseo de saber no solo es un modo de afrontar el malestar en la civilización, sino que además, es contagioso.
 

LA CIUDAD QUE TERMINA CON LA SOLEDAD
Isabel Capelli

En Facebook encontré hace unos días (9 abril 2018) un vídeo de la BBC World Hacks donde se muestra que la ciudad de Frome (Somerset, oeste de Inglaterra) ha creado un programa para terminar con la soledad.

Sue, una paciente que se ve impedida en su movilidad y que necesita de oxígeno permanente, nos cuenta que gracias a este programa ella se ha sentido mucho mejor y ya no se siente en peligro de muerte como estaba antes.

¿Cómo es este programa o esquema?

La Doctora Helen Kingston nos dice que este esquema empezó en el año 2013 y se llama “Compassionate Frome” (Frome compasivo). El médico recibe al paciente, quien le habla sobre su soledad. Individualizada esta situación, el médico envía al paciente a un “health connector” (enlace sanitario) el cual a su vez le pregunta si se siente aislado, y luego juntos discuten sobre sus necesidades. De esta manera el “conector de salud” puede encontrar cómo dirigir al paciente hacia diferentes grupos que funcionan en la ciudad. Grupos de danza, gimnasia para la tercera edad, de trabajo manual, cafeterías para hablar, etc.

La Doctora Kingston nos demuestra con una progresión aritmética los resultados: en la ciudad hay 500 conectores que al menos hablan con 20 personas al año y eso da un resultado notable de 10.000 personas que logran ser contactadas para entrar en relación con otras. Los “health connectors”, vienen presentados en el vídeo: R. es un conductor de taxi que entrega información cuando recibe a sus clientes, L. es una propietaria de una cafetería y B. es una camarera.

La Doctora nos recuerda que por 1£ (libra esterlina) que se usa para este programa, el Servicio Nacional de Salud (NHS) ahorra 6 £ y agrega: es tratar a los pacientes con amabilidad y compasión y escuchar sus historias para comprender en qué punto están de sus vidas, y cuáles son sus necesidades para sentirse mejor. En el vídeo vemos gente anciana, con discapacidades motóricas y/o fisiológicas graves.

Bien, ¿qué podemos decir desde el campo del psicoanálisis?

Nos alegra que la ciudad de Frome haya logrado terminar con la soledad… Personalmente me crea un efecto unheimliche porque nuevamente el discurso de este Otro social, insiste en transformar masivamente la soledad en una enfermedad que hay que arrancar de raíz. Aunque es la misma Inglaterra que en la pluma de Aldous Huxley denunció “El mundo feliz” y sus trágicos resultados, aún hoy, encontramos este “escuchar” dirigido por un saber. El conector de salud sabe que la soledad va eliminada. Eso es lo que escucha.

Para el analista se trata de leer en eso que escucha y así desde ese lugar, causar un decir en el analizante, para que éste pueda elaborar el goce opaco que lo marca. Entonces, la soledad para cada uno representará su embrollo de saber y goce, con lo cual tendrá que responder subjetivamente.




# 6 

SOBRE EL SENTIMIENTO DE SOLEDAD
Vicente Palomera
La precariedad del lazo social
De manera cada vez más descarnada se comprueba de manera creciente la precariedad de los lazos sociales, ya sean lazos familiares, de pareja, de trabajo. Hoy existe un clamor general que deplora la creciente fragmentación de los lazos sociales.  Esta conciencia de precariedad es pues uno de los rasgos sobresalientes de nuestra época.
El resultado más patente de la fragmentación del lazo social es el sentimiento de soledad creciente. Se trata de una soledad forzada, ya que el capitalismo actual convierte a cada individuo en el agente y, por tanto,  en el responsable directo de sus lazos sociales. En efecto, cada uno debe hacerse cargo del lazo social y ello nos parece normal, pero vale la pena recordar que no siempre ha sido así, que han habido épocas, en las que el problema de los individuos era saber cómo escapar a la obligación de los lazos prescritos, estereotipados y del control social que implican. Nos encontramos en otro escenario, un escenario donde el problema ya no es cómo salir del lazo social, sino cómo mantenerse en algún tipo de vínculo que pueda durar algún tiempo. 

La invención de la soledad
La soledad como problema humano, apareció en el siglo XVIII. Surgió como un hallazgo: el hombre podía estar solo consigo mismo. Fue la época de la aparición del personaje de Robinson Crusoe. Los ricos británicos pagaban a gente para vivir sola durante años en sus parques –"soledades" era el nombre de esos lugares– y luego se les pedía que relataran su experiencia. Esta invención fue de la mano de otra invención, la del sujeto moderno, por Jean-Jacques Rousseau.
El adjetivo “solo”, que deriva del latín solus,  hace referencia a quien está sin compañía, separado de los otros, sin vínculos familiares habituales, sin ayuda. Por su parte, el término “soledad” surge en el siglo XIII ligado a la situación de una persona que está sola de manera momentánea o durable y asociado al aislamiento, al estado de abandono y a la separación. La “soledad” no presenta de modo sistemático una connotación negativa. Alfred de Vigny, poeta romántico, declaró: “Sólo la soledad es la fuente de las inspiraciones. La soledad es sagrada”. 

La capacidad para estar solo
Se ha señalado que nos encontramos en la época del Otro que no existe,[1] donde los ideales no tienen una función reguladora y en la que la soledad misma se vuelve problemática. 
El psicoanálisis reconoció tempranamente que la capacidad de estar a solas es el resultado de un proceso complejo. “Estar solo” es algo que se aprende. Como saben todos los educadores, uno aprende a estar solo, a soportar el sentimiento de soledad y también a aprovecharlo de la buena manera. Fueron los psicoanalistas anglosajones quienes dedicaron más interés a estudiar los diferentes rostros del aislamiento y de la soledad, destacando que lo que nos permite estar a solas es la capacidad que disponemos de separarnos de aquello que nos solicita.
Por ejemplo, en 1957, Donald Winnicott escribe que “la capacidad de estar verdaderamente solo constituye un síntoma de madurez de por sí, esta capacidad tiene por fundamento las experiencias infantiles de estar a solas en presencia de alguien”.[2] La idea de Winnicott es que la soledad es algo que se construye. La soledad es un producto: poder estar solo con alguien supone haber conseguido una cierta paz al nivel de las pulsiones sexuales y destructivas y alcanzar esa parte de la vida pulsional que no es ni excitación ni estimulación. En suma, adquirir la soledad implica haber salido de los requerimientos del mundo de las fantasías inconscientes.
En 1963, la psicoanalista Melanie Klein escribe un texto célebre titulado On solitude [3], en el que habla de una soledad que no significa estar privado de compañía. Por otro lado, hace una interesante observación clínica al referirse a la fantasía universal de tener un hermano gemelo, fantasía sobre la que el psicoanalista Wilfred Bion ya había llamado la atención en su trabajo sobre El mellizo imaginario.[4] Melanie Klein arroja una nueva luz sobre la soledad infantil: no  se trata tanto de la falta de amigos lo que está en juego, sino el hecho de que una parte de sí mismo no está disponible para el niño y esa “indisponibilidad” haría que algunos niños fuesen más susceptibles a la dependencia del Otro.
Blaise Pascal había señalado que "todas las desgracias del hombre se derivan del hecho de no ser capaz de estar tranquilamente sentado y solo en una habitación."  En otras palabras, lo que permite estar solo es la capacidad de separarnos de lo que hace gozar o de lo que excita: ya sean las actividades, los padres para los niños, los semejantes para los mayores, pero también las fantasías y todas las fuentes de estimulación, incluso tóxicas.
Pero, es importante no confundir la soledad con el aislamiento. De hecho, aislarse es un modo de evitar la soledad. La soledad no excluye necesariamente al Otro, como ocurre cuando uno se aísla de los demás. Podemos aislarnos de muchas maneras, sin que haya la mínima realización de la soledad. El aislamiento es un muro que paradójicamente va extendiéndose en nuestro mundo cada vez más global, en el que ya no se sabe dónde comienzan y terminan las fronteras y en el que cada individuo se ve a sí mismo como un islote en un archipiélago de soledades.
Por tanto, no es lo mismo “estar solo” que “sentirse solo”, como tampoco tener muchos amigos significa no estar solo. Lo que cuenta en todo esto es la intensidad y satisfacción en la relación con los otros. La dificultad para estar solo, tanto como las dificultades para relacionarse con otros, forma parte de los aspectos centrales de la soledad.
La falta de capacidad para estar solo puede ir desde la evitación de la soledad hasta el refugio en la soledad. Las sujetos aislados suelen tener escasa capacidad para estar solas[5], de hecho temen estar solas. La situación displacentera creada les lleva a buscar contactos sociales para romper el aislamiento. Pero la desesperación les lleva a implicarse en relaciones que, cuando fracasan, acentúan el sentimiento de soledad.

[1]Miller, J.-A., El Otro que no existe y sus comités de ética, Paidós, Buenos Aires, 2005.

[2]Winnicott, D.W., “La capacidad para esta solo” (1958), en: D.W. Winnicott. Biblioteca de psicoanálisis, RBA Coleccionables, 2007, volumen I, pp. 457-465. [El subrayado es nuestro]

[3]Klein, M., “El sentimiento de soledad”, en: Obras Completas, 3, Paidós, pp. 306-320.

[4] Bion, W. R. (1950), “The imaginary twin”, Second Thoughts, 1967 (hay versión castellana en Editorial Hormé, Buenos Aires).

[5]Winnicott, D.W. Op. cit.



# 7

EL TIEMPO Y EL DINERO, DESAFÍOS PARA EL PSICOANÁLISIS APLICADO*
Gisela Cordido

Para la ciencia, el tiempo y el dinero son objetos de consumo que contribuyen a la forclusión del sujeto. La consulta psiquiátrica no escapa de esto: en pocos minutos, con una tarifa fija, se establece un diagnóstico a un sujeto, que decide su destino y un tratamiento químico de por vida. La evidencia como significante amo actual, interviene en la ética eliminando las posibilidades del sujeto, del sujeto de derecho.
El término desafío no es extraño al psicoanálisis: Freud desafía y revoluciona al mundo con lo que descubre y teoriza. La enseñanza de Lacan es un recorrido lleno de desafíos. En el tema que nos ocupa, Lacan introduce el tiempo en la lógica cuando cambia duración por sucesión, y para esto –dice- no mejor referencia que la cadena significante.i Hablar mediante un encadenamiento genera un lugar: el lugar del Otro; vinculando así el tiempo con la transferencia como fenómeno de pura lógica. En su última enseñanza, Lacan llega a desafiarse él mismo, Lacan vs Lacan, ante la paradoja que constituye el ser un cuerpo hablante.
Nuestra clínica, en tanto es una clínica que se rige por lo real, por lo inasimilable, implica una dimensión ética y política que requiere ser tratada lógicamente. Las dimensiones tiempo y dinero, apuntando a lo singular del sujeto, pueden atrapar algo de ese real, cernirlo bajo transferencia y sostener el actoii; y no como soluciones vicariantes, standard, que estarían fuera de las coordenadas psicoanalíticas y conducirían a caer como dice J-A Miller en la pretensión lacaniana de acción social y/o en el campo de la psicoterapia iii
Dar cuenta de esto es uno de los desafíos para el psicoanalista que trabaja en una institución psiquiátrica hoy, ante los ideales progresistas o científicos particulares a cada región. Es por intermedio de su acto, que el analista marca una presencia sin precedente en las instituciones.iv
No son sin embargo los ideales progresistas o científicos los que han desafiado al psicoanalista en Venezuela, diría que más bien que ha sido la urgencia y el malestar de la época. Intentaré dar cuenta de esto en el tiempo, en diferentes momentos.
A principios del siglo XXI, un giro en la política del país, un paro general, despidos y expropiaciones constituyen la marca de nacimiento del psicoanálisis aplicado en Caracas. Es un primer momento: se ofrecen consultas gratuitas, con honorarios reducidos, en espacios prestados o en la propia sede, apuntando a la atención del alivio sintomático ante lo insoportable. A partir de ahí, los efectos de una escucha diferente, el surgimiento de un sujeto que se responsabiliza por su síntoma e interviene en su futuro, resuena en el Otro institucional: alcaldías, fiscalía, iglesia, universidades, solicitan la atención a la violencia, al niño, al adolescente, alivio de la angustia, en la ciudad de Caracas. Se establecen convenios con número de sesiones y dinero para el mantenimiento del centro. Bajo el criterio de los ciclos, por mucho tiempo, se llevan a cabo tratamientos para las diferentes formas del malestar, que podían derivar en abandono, egreso, o continuidad.
En lo que podríamos llamar un segundo tiempo, la militarización de las instituciones, una política económica fallida, la prohibición de ayuda humanitaria y la descomposición social, hacen que la demanda al psicoanálisis aplicado cambie, porque la primera necesidad es sobrevivir, comer, hacer infinitas colas, recuperar la finca, el empleo, lidiar con lo contingente. En este tiempo apuntar a lo singular del sujeto, apelar al dispositivo, se convierte en una imposibilidad no tanto por la intervención del Otro burocrático, sino ante la demanda voraz y desamparada de los sujetos. Es la caída de las instituciones y por tanto de los convenios.
La explosión abre el tercer tiempo, adoptando la forma de una protesta incendiaria para detener el autoritarismo y la abyección. Durante 6 meses miles de venezolanos llenan las calles casi diariamente. Miles de jóvenes se enfrentan a la maquinaria estatal. Hay detenidos, heridos y muertes. El psicoanálisis aplicado -ahora en el marco de la reunificación de la sede y con el nombre de Centro de Psicoanálisis Aplicado (CPA)- decide tomar la palabra y se ofrece a los detenidos, a jóvenes torturados, políticos, familiares de quiénes mueren y a los habitantes de Caracas afectados por la situación. Al mismo tiempo que la sede NEL Caracas, denuncia en la Asamblea Nacional la promulgación por parte del régimen de una “ley constitucional contra el odio” a ser aplicada a los detenidos y hace un llamado a la NEL y a la AMP, con importantes efectos en el país del psicoanálisis, y a partir de una conferencia de J-A Miller nace la movida Zadigv, un nuevo desafío al psicoanálisis en su política y que hace posible hoy, vía transferencia de trabajo, mi presencia y la de otros colegas venezolanos, aquí. Para este momento la clínica del CPA es una clínica del instante de ver en la que se ofrece una atención inmediata, gratuita, sin número fijo de sesiones y en la que, ante el desplome institucional, el analista responde con su cuerpo.
Hoy, un cuarto tiempo, un nuevo desafío en el CPA, también en nuestra consulta y en nuestra vida, la migración y sus efectos: 4 millones de venezolanos se han ido del país. El manejo habitual del tiempo en la estructura del sujeto y del dispositivo ha sido sobrepasado: ¿cómo sostener el psicoanálisis cuando los tratamientos, muchas veces avanzados, son interrumpidos sin advertencia?...desde un autobús en la frontera me escribe alguien diciendo que no pudo asistir a su sesión del día anterior porque va camino a Perú. La pregunta ¿me voy o me quedo? es el leitmotiv de los divanes. El tiempo en las relaciones amorosas a distancia es forcluído y en su lugar la pantalla hace existir la relación sexual. La inseguridad, la oscuridad y el deterioro del transporte público determinan muchas veces sesiones sin el cuerpo del analista y sin posibilidad de horario fijo. vi
En cuanto al dinero: la devaluación de la moneda y una inflación de más del 1.000% hace imposible una conciliación entre lo que se necesita cobrar y lo que se puede pagar: con dificultad se puede pagar una sesión equivalente a 0.50 centavos de dólar, porque el salario mínimo del venezolano ronda los 4 dólares, que es a su vez el precio de dos docenas de huevos; sin embargo para la gasolina, subsidiada, no hay moneda ya. No circulan billetes en el país, se paga a veces con lo que no hay, con comida o medicinas por ejemplo y quiénes pueden lo hacen por transferencia bancaria.
Estamos en una época de invenciones en la sede: Conversaciones, controles, presentaciones de casos, foros, próximamente Jornadas. Es el psicoanálisis aplicado como respuesta de la Escuela ante la abyección. En algo más de un año se retiraron 7 miembros de la sede Caracas, 4 asociados y el 40% de los participantes del CID. El desafío es hacer existir el discurso analítico más allá del discurso del amo del poder y evitar que desaparezca el psicoanálisis.
 
* Mesa de conversación de la RPA, Barcelona 2018
 
i Lacan, J. Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis. Escritos 2. 
ii “Poderoso caballero” ¿Cómo se analiza hoy? 3° encuentro del Campo Freudiano pg,124 
iii Miller J-A, Cosas de finura. Clase del 12 de noviembre de 2008. 
iv Lacan XXI Revista Fapol on line ¿Por qué una red de Psicoanálisis Aplicado? Veras Marcelo 
v Miller J-A. Conferencia del 13 de mayo de 2017. Palacio de la Prensa. Madrid 
vi Internet avec Lacan. Liberté et docilité de l´analyste. La cause du decir. Nov 2017. Pg 22


# 8

EL SÍNTOMA ENTRE SOLEDAD Y VÍNCULO 
Eugenio Díaz 

Hay en el síntoma una vertiente pulsional, es decir de goce autístico -de soledad, en el sentido de lo que no hace vínculo, de lo que no pasa por el Otro. Y hay también la vertiente de “proceso social”.

El síntoma como la invención que cada uno hace para poder soportar el goce y la castración, como “mediador entre el sujeto y su goce”, tal como afirma Miller, aunque no sin un monto de fracaso, es lo que posibilita la adquisición de un estado civil.

Leído como ley particular del sujeto, es el modo en que éste (el sujeto), se sitúa en el mundo y queda anudado al Otro, incluso separado de él.

Es por esto que podemos decir con Lacan que el síntoma “es un proceso social” al actuar de garante de la pervivencia del sujeto mismo e impedir que quede totalmente alienado a las disposiciones del discurso del amo.

Desde Freud el respeto por el síntoma ha sido una orientación mayor para los psicoanalistas, sea en su dimensión de vínculo, lo sea en su dimensión de soledad pulsional, sea en su faz de solución necesariamente fracasada.

Sin esta versión de doble cara del síntoma (como vínculo, y como goce pulsional) sólo queda la segregación (de las particularidades, de lo singular) y/o la idiotización en la uniformización burocrática del para todos (sea diagnóstica, estadística, la de las identificaciones de masas, o la del hedonismo capitalista).

Es desde aquí que se puede leer la cuestión que plantea Lacan en el “Discurso de Clausura”: “¿cómo arreglárselas para que masas humanas destinadas a compartir un mismo espacio permanezcan separadas?”.

Las operaciones de causación del sujeto se pueden entender como una respuesta previa a la pregunta. Lacan describe el proceso de la separación, del se parare de la 2ª de las operaciones, como el paso del “vel” de la elección forzada (alienación) al “velle”, al querer. Es decir la adquisición de un estado civil, de un lugar en el Otro más allá de éste, por tanto con un deseo propio. Adquisición que nunca es sin pérdida, y que Lacan nombrará como “no hay relación sexual”, verdadero encuentro traumático.

Ahora bien, ¿cómo hacer posible y presente en las instituciones actuales, lo imprescindible de la adquisición de un estado civil, que no obvie el “no hay” estructural, a la vez que haga la contra a la soledad segregativa? Unas instituciones, que se organizan por la identificación del sujeto por un síntoma al que hay que eliminar.

En lo que se “emplean” los practicantes que trabajan en instituciones orientadas por el psicoanálisis, en lo que tratan de “aplicar” su práctica también en estas otras, es en acompañar en el proceso de saber sobre las coordenadas del goce propio, y en propiciar lugares donde la palabra no sea sin consecuencias. Para lo que se requiere pensar lo tratable como una cuestión, no como un problema; poner en primer plano la operación de la transferencia, pues es lo que mantiene la apertura al mundo; creer en el síntoma –sea un sentido a descifrar, gocesentido, o como resto con el que el sujeto opera- en tanto le hace rebelde al discurso de la adaptación.

No se trata del fomento de la comprensión, ni de apuntar a lo que no anda del lado del deber en sus diversas formas. Más bien de lo que no anda del lado del equívoco, del malentendido, de lo que no estaba escrito pero que no cesa de escribirse, perturbando “el bello orden”.

Sin esto, sólo discurso del amo, sin esto más soledad y menos vínculo.


 Información Jornadas FCPOL
 http://fcpol.org/

16 de mayo de 2018

LO QUE LOS FOCOS NO ILUMINAN. A propósito del libro "Cosas que tu psiquiatra nunca te dijo", de Javier Carreño y Kepa Matilla. Xoroi Edicions, por Carlos Rey




Se cumplen cuarenta años de la celebración en Barcelona del II Congreso Mundial de Psiquiatría Biológica, donde su presidente, el Dr. Obiols, marcó la política a seguir: «La Psiquiatría Biológica no aspira a ser una parte de la Psiquiatría, sino toda la Psiquiatría». No es poco lo que ha conseguido durante todos estos años: copar la Academia y Clínica oficiales; sin embargo, sus méritos no son otros que haberlo conseguido por devenir en una disciplina de poder. En paralelo, son muchas más las psiquiatrías y psicologías que se están desmarcando del reduccionismo biológico como pensamiento único.

Como prueba de que hay conocimiento más allá de los discursos oficiales, se presenta la publicación por Xoroi Edicions de un nuevo libro de su colección La Otra psiquiatría –dirigida por J.Mª Álvarez y F.Colina– y que lleva por título Cosas que tu psiquiatra nunca te dijo. En este trabajo, escrito al alimón por Javier Carreño y Kepa Matilla, no hay puntada sin hilo en beneficio del rigor de las ideas a las que van llegado, tras el estudio de la historia y clínica de las sintomatologías psíquicas. Son ideas li(e)bres). Ideas libres que corren como liebres. Ideas liebres porque corren libres de grasa ideológica y conflictos de intereses extra clínicos. Ideas libres porque son como liebres: pura fibra para huir veloces de las servidumbres del cientificismo, pues son ideas que van más allá de las guías clínicas oficiales y protocolos de obligado cumplimiento que amordazan el criterio propio de la experiencia clínica. Los autores quieren «mostrar lo que tu psiquiatra no te dice, pero sí publica en las revistas científicas más prestigiosas. Por tanto, solo intentamos acercar a un público más general las conclusiones de dichos trabajos que, precisamente, ponen en cuestión las supuestas certezas y evidencias del campo de la psicopatología».

J. Carreño y K. Matilla sostienen que «la locura y la neurosis son defensas ante la angustia, formas de estar en el mundo, en el lenguaje y la cultura». Posiciones subjetivas, más o menos estables a lo largo de la historia, que manifiestan el malestar inherente a la condición humana. Malestar que ha sido relatado, estudiado e interpretado por tirios y troyanos. Montaigne, por ejemplo: «Entre otras pruebas de nuestra flaqueza, no olvidemos ésta: el ser humano no es capaz, ni siquiera con el deseo, de encontrar lo que necesita; no ya con la posesión sino ni siquiera con la imaginación, podemos ponernos de acuerdo en qué precisamos para darnos por satisfechos». En el capítulo II nos refieren la inconsistencia de los diagnósticos de nuevo cuño –«etiquetas top», escriben los autores– en los que han sido agrupados –con más ideología que teoría– las manifestaciones sintomáticas del malestar. En los capítulos III y IV se cuestiona la aplicación de la medicina basada en la evidencia al estudio y tratamiento del padecer subjetivo, cuyo resultado es la ciencia ficción que pretende dar carta de naturaleza a las 500 enfermedades mentales que figuran en el nuevo DSM. En el capítulo V, los autores nos refieren otros posibles diagnósticos más acordes con la fragilidad del ser humano. Y en el capítulo VI se dedican a la elucidación de los tratamientos: los ansiolíticos, los neurolépticos, los antidepresivos, la Terapia Electrocompulsiva y, finalmente, nos hablan sobre la eficacia de las psicoterapias, centrándose en el psicoanálisis por ser la referencia teórica y clínica de los autores.

Rebobinando. De los síntomas históricos que expresan la aflicción consustancial de la vida, nuestros autores destacan la locura, la tristeza y la angustia, y nos refieren cómo su psiquiatrización los ha elevado a la categoría de enfermedades mentales que requieren ser medicalizadas. Dicho y hecho. El remedio, los antidepresivos, por ejemplo, han conseguido llamar depresión a la tristeza, incluso cuando no se supera y ya es melancolía. Otro tanto ha pasado con la angustia que se ha diluido en la ansiedad porque el remedio se llama ansiolítico. Sin embargo, como señalan los autores, la angustia ha sido siempre la protagonista de toda la psicopatología. Se expresa en el cuerpo, en la obsesión, en las fobias, en la anorexia, la bulimia y los suicidios. Cito a los autores: «Es frecuente y conocido desde la antigüedad que enfermedades de la piel como la psoriasis, los eccemas, las dermatitis suelen estar desencadenas y mantenidas por la angustia. (…) También la piel de dentro, el ectodermo de las mucosas del aparato digestivo o incluso el epitelio de las vías espiratorias son nichos para la angustia. Famosas son las gastritis, las colitis, el asma o el reciente síndrome de colon irritable que florecen con la angustia. Lista a la que podemos añadir las cefaleas, los dolores genitales, los dolores generalizados y las contracturas musculares e incluso la fibromialgia, un dolor absoluto, errante, fluctuante, irregular... ».

Las «etiquetas top», a las que se refieren nuestros autores, son los nuevos nombres de enfermedades mentales o sambenitos que, lejos de estar en la naturaleza del ser humano han salido de la chistera de la ideología biomédica: esquizofrenia, trastorno bipolar, TDAH y la patología dual. Dicen nuestros autores: «La llamada esquizofrenia con la que nos formamos, la de los pacientes crónicos que atendemos desde el principio de nuestra práctica, no es en realidad el verdadero rostro de la locura, sino el rostro de una locura maquillada de neurolepsis. Una locura barnizada con el colorete de lo colinérgico, los labios de la acatasia y el rímel del aturdimiento. Una locura de un déficit provocado por los cosméticos. Una enfermedad no hereditaria sino adquirida... ».

¿Dónde está la evidencia científica en hacer de cada síntoma o síndrome una enfermedad mental con marcadores biológicos no demostrados? Para argumentar las posibles respuestas, Carreño y Matilla nos dicen que han recurrido a los estudios publicados en las revistas más prestigiosas de las psiquiatrías. «Nuestra sorpresa ha sido mayúscula cuando hemos comprobado que gran parte de las opiniones imperantes en las psiquiatrías, que tanta evidencia habrían encontrado, también atesoran otros tantos estudios que demuestran que dichas opiniones no son más que falacias. Estas son las cosas que tu psiquiatra nunca te dijo, aquellos estudios que ponen en cuestión la ideología vigente». Analizando las escalas, los ensayos clínicos, la supuesta fiabilidad de los diferentes DSM, así como la trastienda de los consensos entre sus redactores, nuestros autores llegan a la conclusión de que «no podemos decir que los DSM estén sustentados en la evidencia científica (…) En psiquiatría no hay pruebas de laboratorio mediante las que decidir si alguien padece o no un trastorno. Todos los estudios sobre marcadores biológicos han resultado ser una pérdida de recursos y de tiempo.(...) Esto hace que los diagnósticos dependan de juicios subjetivos fácilmente influenciables por diversos grupos de presión».

Respecto de la elucidación de los tratamientos, los autores nos recuerdan que no curan porque no restablecen equilibrio químico alguno, ya que no existen desequilibrios en las causas sino en las consecuencias de paliar los síntomas con dosis de phármakon que no tienen en cuenta la lábil frontera entre remedio y venero. A esta iatrogenia inicial hay que sumarle la que se deriva de los tratamientos de por vida. Tratamientos que, no simplemente cronifican el malestar sino que ignoran el abc de toda droga: su principio psicoactivo es puntual y a partir de allí cada vez hay que tomar más para sentir cada vez menos. En el decir de los autores: «Los antipsicóticos, incluso los modernos, provocan la misma anormalidad en el cerebro que la droga conocida como polvo de ángel». 

Del estudio de los trabajos publicados sobre los neurolépticos, Carreño y Matilla nos refieren que existen muchos mitos en el tratamiento de la locura: el mito de la base biológica de la locura, el mito del desequilibrio químico, el mito de la evolución deficitaria, el mito de que los antipsicóticos facilitaron el vaciado de los manicomios cuando es a la inversa, el mito de la eficacia de los antipsicóticos, el mito de la medicación a largo plazo. Después de la lectura de lo que sus autores llaman «la verdad de los efectos secundarios», se evidencia que hay un mayor conocimiento de las nefastas consecuencias de los remedios que de sus causas, pues los efectos biológicos negativos de los psicofármacos son un hecho comprobado y comprobable, es decir, un hecho científico; mientras que la causalidad biológica de la psicopatología sigue sin serlo. A lo sumo es una expectativa de la medicina basada en mitos con la que se pretende vender la piel del oso antes de cazarlo.

«Como resume Bentall, –escriben los autores– si los antipsicóticos producen gravísimos efectos secundarios, si a muchos pacientes con un primer episodio les va bien sin medicación, si otros tantos no responden a ella a pesar de que se aumente y si los pacientes que la toman durante años se han vuelto mas sensibles al estrés, ¿por qué los servicios psiquiátricos modernos siguen teniendo tanta fe en los antipsicóticos? (…) Los clínicos deberían valorar la utilidad del efecto sedativo de los neurolépticos en determinadas circunstancias, limitar su uso en el tiempo y, sin duda, explorar el camino de la psicoterapia y la cura por la palabra».

Sobre los antidepresivos, y al hilo de las investigaciones analizadas, nuestros autores llegan a la evidencia de que hay dos hechos incontestables: no hay pruebas científicas de que el síndrome depresivo se deba a ningún estado deficitario y, por lo tanto su medicalización no restablece el equilibrio químico sino que lo altera, «abriendo la posibilidad de un enorme efecto rebote tras la retirada del fármaco», y no como recaída del paciente por desadherirse del remedio que no es tal, pues su efectividad es equivalente al placebo e inferior a la psicoterapia. «Pero además, –cito a los autores– al ser drogas activas, tienen una serie de efectos secundarios un tanto desagradables como la tensión, la extrañeza, la agitación y la inquietud que pueden llevar a un sujeto a cometer actos violentos como el suicidio o el homicidio». En paralelo, la medicalización sine die del síndrome depresivo, está generando un nuevo problema de salud pública al hacerse refractario al tratamiento, más cíclico y, por lo tanto, crónico.

Puestos a ficcionar un manual que refleje la realidad de los nuevos problemas psiquiátricos, los autores consideran que bien podría escribirse un «Manual xenodiagnóstico de trastornos en homo sapiens», con un importante subgrupo: «Trastornos debidos al consumo de psicofármacos en humanos». Un trastorno grave seria «la neuroleptofrenia. Es decir, un cuadro abigarrado de psicosis crónica, distonías, discinesias, aumento de peso, bradipsiquia y apatía fruto del mantenimiento sine die de tratamientos neurolépticos y el trato institucionalizado». En segundo lugar figuraría el «trastorno mundo benzo», basado en «problemas de memoria, abulia, torpeza y sedación...». Además de las benzodiacepinas también entrarían en este trastorno «los antidepresivos más sedantes participando en el cortejo sintomático con una suerte de anorgasmia, disfunción de la libido y anestesia afectiva». Un subgrupo podría denominarse «benzo en abuelas. Una pléyade de caídas, deterioro cognitivo, torpezas, fracturas de cadena, agitaciones y alucinaciones se han cebado con los mayores siendo en ocasiones peor el remedio que la enfermedad. (…) En tercer lugar, la extraña proliferación de desórdenes afectivos unidos a tratamientos. Se podría llamar el trastorno tripolar, ya que por encima de la clásica división manía-depresión ha sobrevenido sobre la especie humana cuadros de cicladores rápidos, reacciones maníacas, cuadros mixtos e intentos de suicidio extempóreos quizás cebados por antidepresivos, litio y sus combinaciones a veces enloquecidas». Como dijo Abel Novoa desde la plataforma NoGracias: «La biomedicina se ha convertido en un enorme fracaso social y en un problema de salud pública».

De perdidos al río podría ser el subtítulo del capítulo que los autores dedican a estudiar las posiciones a favor y en contra de la Terapia Electroconvulsiva. Resulta paradigmático que oficialmente se diga que la química es efectiva pero que si no lo es se pruebe con la seguridad y efectividad de la física. Máxime cuando «muchos de los promotores de la TEC tienen vínculos económicos con empresas que fabrican estas máquinas». Después de la investigación realizada, nuestros autores concluyen diciendo: «Nos cuesta trabajo comprender cómo en la actualidad, en la mayoría de los hospitales, al menos en nuestro país, se sigue aplicando con gran entusiasmo. Está claro que siempre se aduce un criterio pragmático basado en la experiencia práctica de quienes la utilizan: “cuando nada funciona con determinadas personas, la TEC produce efectos extraordinarios”. Sin duda, hemos mostrado cómo la pérdida de memoria y la deshumanización gracias al daño cerebral que provoca, parece ser la responsable de que uno se olvide incluso hasta del dolor que le produce la existencia. Por eso, resulta sorprendente que con estos datos encima de la mesa se siga pensando que puede ser mínimamente beneficiosa».

A la hora de medir la eficacia de las psicoterapias, y en especial la del psicoanálisis, hay que tener en cuenta dos preliminares. Uno: la metodología científica aplicable a un fármaco no tiene tan fácil traslación a las terapias de la palabra. La subjetividad es de cada cual y no tiene cabida en las escalas, los ensayos y las mediciones. Dos, y en el caso concreto del psicoanálisis, ¿cómo compararlo con los tratamientos biomédico-congnitivos-conductuales, si no parte ni comparte con ellos que la eficacia clínica se acote a la eliminación sistemática de los síntomas? Sin embargo, nuestros autores aportan los estudios que demuestran la eficacia del psicoanálisis en el tratamiento de todo tipo de síntomas psíquicos, incluida la psicosis. Al tiempo que desmontan las críticas de que es un tratamiento caro y largo: «El NIMH, por ejemplo, comprobó que si bien la medicación y dos tipos de terapia breve resultaban beneficiosos, con el paso del tiempo ese beneficio iba decreciendo», mientras que el psicoanálisis es eficaz a largo plazo. «Cuando se ha comparado la psicoterapia psicoanalítica a largo plazo con el psicoanálisis, se ha descubierto que la primera producía mejores resultados tras tres años mientras que el segundo mostraba ser superior después de cinco años de seguimiento. (…) El trabajo que se realiza sesión tras sesión suma para que en un futuro las cosas que le puedan ocurrir al sujeto las viva de otra manera». El trabajo requiere tiempo, pero no porque el tiempo lo cure todo, sino porque toda cura necesita tiempo. Y en nuestro quehacer psi ese tiempo, por excelencia, es el tiempo de elaboración.

En sus palabras finales, Carreño y Matilla nos dicen que esperan que su libro quede «como un informe en minoría que junto a otros trabajos pueda ir configurando una opinión mayoritaria para la construcción de una disciplina más humana y sensata». Teniendo en cuenta la muy extensa bibliografía de la que han tomado los hilos argumentales para construir, puntada a puntada, un discurso propio, bien puede decirse que ni están solos ni en minoría, ya que, por nombrar a los más críticos con lo que los focos no iluminan, les acompañan D. Healy, J. Read, L.R. Mosher, R.P. Bentall, J. Moncrieff, S. Timimi, G. Berrios, R. Whitaker, P.C. Gotzshe, J. Friedberg, P.R. Breggin, H. Sackeim, R. Warner, I. Kirdch, etc., así como a los que reconocen como sus maestros: Chus Gómez, J.M. Álvarez y F. Colina. Y como dicen éstos dos últimos en el prólogo de este libro, «son cada vez más los estudios que denuncian la falacia del discurso cientificista en el terreno psi. Todos sus principales apoyos son cuestionados y se cimbrean más de lo previsto: unos denuncian el artificio de las clasificaciones internacionales, otros la turbiedad de las investigaciones neurobiológicas y la mayoría ponen en entredicho la prometida eficacia de los tratamientos psicofarmacológicos y cognitivos».

Alberto Manguel, en su ensayo La ciudad de las palabras. Mentiras políticas, verdades literarias, nos anima «a seguir el consejo de Kafka de aspirar sin poseer, de construir sin trepar a la cima: es decir, de saber sin exigir la posesión exclusiva del conocimiento. Quizá seamos todavía capaces de tales cosas».

13 de mayo de 2018

Lacan Cotidiano 773: "Famílias, questões cruciais", por Hélène Bonnaud e Diálogo sobre o filme "Signer", por Nurith Aviv e Éric Laurent





O que há de novo sobre o casamento?
“Famílias, questões cruciais”, a crônica de Hélène Bonnaud

Enquanto se comemora o quinto aniversário da lei sobre o casamento para todos, aprovada em 23 de abril de 2013, que abriu o direito ao casamento e à adoção para pessoas do mesmo sexo, muitos relatórios da imprensa indicam que ela já está plenamente adotada pelos franceses. Esse progresso mostra definitivamente que uma lei pode agir e abrir amplamente os espíritos para uma nova concepção de sociedade. De acordo com várias pesquisas recentes, os franceses consideram que não há diferença entre casais homos e heteros. "60% apóiam a abertura da PMA[i] para mulheres em casais homossexuais, assim como para mulheres solteiras. Ainda mais surpreendente, 55% deles também são favoráveis à gestação por mães substitutas. Uma revolução de mentalidades, no país das reticências éticas e do medo de qualquer mercantilização da procriação"(1), relata L'Obs.

Os novos casais homossexuais, por sua vez, estão satisfeitos e reconhecem que essa legalização lhes permitiu uma melhor inserção no tecido social. Não há mais necessidade de se esconderem ou de inventarem vidas paralelas, a lei dá uma permissão que mudou a relação de cada um com a sua homossexualidade. No passado vivida como uma maldição ou um sintoma que tinha que ser normalizado ou aceito, ela agora é sentida como uma condição da sua sexualidade. Este impacto do reconhecimento através da legalização definitivamente pôs fim a qualquer concepção da homossexualidade como patologia ou transgressão.

Basear-se na leitura proporcionda pela tábua da sexuação de Lacan (2), permite não confundir sexo e orientação sexual. No entanto, cada um de nós é tomado pelas construções e ideais do seu tempo e alguns psicanalistas nem sempre escaparam aos discursos estabelecidos. Isso mostra que a tese de Lacan sobre a relação sexual que não existe (3) estava muito à frente de seu tempo.

A lei sobre o casamento para todos veio indicar que uma evolução estava em curso e cinco anos depois as várias pesquisas confirmaram isso. Segundo Irene Théry, entrevistada pelo Le Monde, esse avanço está enraizado em uma mudança na concepção do casamento.

Antigamente, "até os anos 1970, o casamento impossibilitava a própria ideia de união entre pessoas do mesmo sexo, já que seu significado primário era ‘a presunção de paternidade’: sua razão de ser era dar um pai às crianças trazidas ao mundo pelas mulheres. Mas em 1972 a lei estabeleceu que as crianças nascidas fora do casamento teriam os mesmos direitos que os filhos ditos legítimos" (4). A partir de então, o casamento se separa da questão da paternidade. Ele concerne essencialmente a um laço de casal.

Renovação do casamento
O casamento homossexual, sem dúvida, devolveu uma certa vitalidade à instituição matrimonial, muitas vezes relegada a uma tradição ancestral pouco adaptada aos modos de vida atuais - muitos casais preferem o PACS[ii]. Não esqueçamos que as estatísticas (5) sobre divórcio mostram o fracasso mais ou menos esperado da vida de casal. Mesmo Jean d'Ormesson reconheceu no final de sua vida que, vivendo cada vez mais, parece incongruente ficar toda a vida com apenas uma mulher, mas, com seu humor de dândi, ele fez ainda assim a observação de que "o casamento, são quarenta anos ruins para atravessar e depois é excelente. A vida se torna deliciosa a partir dos sessenta anos "(6).

Para a maioria, sem diferenciar casais jovens e velhos, a separação está inscrita no ticket de entrada do casamento, mas também se tornou tão banal que podemos ignorá-lo ou dizer que o futuro sempre tem uma parte de surpresa, boa ou ruim. Vamos viver dia a dia.

Nossa época é marcada pela artificialidade dos laços e pela natureza efêmera de qualquer escolha. Nenhuma garantia, nenhuma verdade absoluta, nenhuma promessa eterna. A ordem simbólica do casamento persevera, mas sem sua dimensão religiosa ou moral. Resta a festa, já que o casamento continua sendo um momento em que as famílias e os amigos são convidados em torno do casal que se une para celebrar alegremente sua transição de solteiros para cônjuges, significante que não pode ser mais fora de moda, mas que mantém seu valor legal. Ao celebrar sua união, os homossexuais sentem que estão agora em pé de igualdade com os heteros e desfrutam plenamente deste passo social, que lhes dá um status de direito e reconhecimento que os liberta de séculos de retraimento, vergonha e exclusão.

Uma criança por quem, para quem, de quem?
No entanto, apesar desses avanços, a questão do filho permanece o desafio atual do direito de se tornarem pais para os casais homossexuais. De fato, François Hollande, em declarações recentes (7), lamenta não ter cumprido sua promessa de campanha de 2012 de autorizar que mulheres lésbicas e solteiras recorressem à PMA, forçando-as assim a ir para o exterior quando querem ter um filho.. Se ele recuou, foi por causa da virulência do movimento Manif para todos que se opôs ao casamento dos homossexuais e ao seu direito à adoção, e continua a militar contra toda concepção de filhos para os casais homos.

No entanto, do ponto de vista jurídico, os casais homossexuais têm os mesmos direitos que os casais heterossexuais. Resta o real da biologia que, para os primeiros, bloqueia qualquer possibilidade de gravidez sem a ajuda da ciência. Portanto, a decisão de abrir o PMA a todas as mulheres, independentemente de sua orientação sexual, é um ato político.

Hoje, enquanto se abrem esta semana os Estados Gerais da Bioética, que darão origem a muitos intercâmbios, conferências, debates e testemunhos sobre a questão da abertura do PMA a mulheres lésbicas e solteiras, os defensores do Manif para todos estão em pé de guerra, denunciando uma "PMA sem pai" (8).

Essa fórmula negativa é a expressão de uma posição irredutível quanto à supremacia do casal heterossexual, que, diga-se de passagem, não está próximo de desaparecer e permanece o modelo de todas as futuras formas parentais.

Ela se funda em uma crença inabalável na potência biológica da diferença entre os sexos. Ela se recusa a situar o desafio que é a paternidade além das atribuições estabelecidas para ambos os sexos. O padrão na forma de "um papai e uma mamãe para cada criança" continua sendo seu plano de ataque, não vendo que nada impede que essa estrutura funcione com outros determinantes lógicos.

Vamos admitir: ser pai ou mãe é algo que não se aprende. Você nunca sabe que pai ou que mãe você será. Mesmo quando as identificações mais certeiras são solidamente testadas, nada indica seu caráter automático e verificável. É isso que a clínica psicanalítica nos ensina. Ademais, para saber se seremos "o bom pai ou a boa mãe que queremos ser", continuamos a imaginar que ter um filho nos dirá isso...  A isso chamamos "o desejo de ter filhos" e está além das leis.

Tradução do Francês: Louise Lhullier

(1) DEFFONTAINES C., LEPAGE, E.», sur enquête L’Obs-BVA réalisée en février 2018, L’Obs, 14 de março de 2018, disponível aqui
(2) Cf. LACAN, Jacques, O Seminário, Livro 20: mais, ainda. Rio de Janeiro: Jorge Zahar Editor, 1985, lição de 13 de março de 1973.
(3 )Cf. LACAN, Jacques, Radiofonia (1970). IN: ____________, Outros Escritos, Rio de Janeiro: Jorge Zahar Ed, 2003, p. 411.
(4) THÉRY, Irene, propos recueillis par Pommiers E., Le Monde, 23 avril 2018, disponível aqui
(5) 45% des couples divorcent, article disponível aqui
(6) D’ORMESSON, Jean, propos recueil Servat S., Gala, 5 décembre 1977, disponível aqui
(7) VANDEKERKHOVE, Ch., « Hollande regrette de ne pas avoir ouvert la PMA aux femmes célibataires et lesbiennes », bdfmtv.com, 23 avril 2018 disponível aqui
(8) “La PMA sans père, une question sociale”, 23 février 2018, www.lamanifpourtous

[i] Nota da tradutora: Procreation Médicalement Assistée / Reprodução Medicamente Assistida
[ii] Nota da tradutora: Pacte Civil de Solidarité, equivalente ao nosso contrato de união estável
 
 
 




Du signe
Diálogo sobre o filme «Signer» de Nurith Aviv
por Nurith Aviv e Éric Laurent

Éric Laurent — “Signer” [comunicar por sinais, N.T.] nos faz descobrir um mundo no qual há poucas janelas dessa qualidade. Essa janela contribui poderosamente para “ampliar nossa concepção de linguagens humanas”, tal como Nurith Aviv formula a intenção de seu filme.

Desde o início estamos imersos in medium res, no meio das coisas: com Emmanuelle Laborit, o título “Signer” se encarna; ela nos confronta com isso, que é o fato de se expressar por sinais através de um ato de tradução. A apresentação das diferentes maneiras de dizer “azul” através do planeta-signos é evidentemente uma magnífica entrada desse assunto na grande variedade de línguas de sinais. Ela me faz pensar no grande livro de Michel Pastoureau, “Azul: história de uma cor”, que nos deu acesso à variação histórica de toda a semântica do azul em nossa civilização. Ele nos mostrou também que, durante toda a antiguidade, permanecemos sem ver o azul. Graças à maneira como Emmanuelle Laborit se expressa por sinais, e àquela como N. Aviv a filma, descobrimos como cada signo “azul” está ligado a uma civilização. Tentamos adivinhar os liames que enodam esse sinal a um mundo profundo [interior, N.T.]. O azul do mar e o do céu do Mediterrâneo não é o azul dos japoneses e o dos chineses. A experiência do azul de cada cultura torna-se sensível, palpável.

Gozo da voz

É. Laurent - A maneira singular pela qual o olhar de N. Aviv se dirigiu acima é muito importante, pois ela nos faz descobrir algo, um objeto comovente: a voz do surdo. O olhar conta tanto quanto ele remete a um tratamento específico da voz. Esse filme revela um gozo da voz, do qual temos apenas uma ideia muito vaga: a voz dos surdos quando eles sinalizam – o que Gal ouviu atrás da porta quando seus avós e amigos sinalizaram. Ver esse som é a revelação de um acontecimento de corpo inaudito. É o fundamento pulsional da “cultura dos surdos”, da qual Gal fala de modo tão convincente. Descobrir isso é, ao mesmo tempo, desconfortável e fascinante.

Nurith Aviv — Várias coisas me ocorrem. Gal, quando fala com sua avó, diz que é do outro quarto que ele ouviu a sua voz e é isso que faz, para ele, a cena original não ser um olhar, mas uma voz.

Essa foi a minha decisão original de não substituir a voz dos surdos pela voz do tradutor. Essa decisão tinha claramente o objetivo de ouvir o som das vozes deles. Isso significava que, enquanto eu rodava a cena, não sabia o que eles diziam, porque não havia intérprete. O que foi mais trabalhado neste filme foi o som – passamos dez dias no estúdio trabalhando nele.

É. Laurent — Esse é o dispositivo que você nos fez compartilhar com a circulação dos iPads, ficamos presos no campo da disjunção entre a imagem e o som. O iPad é utilizado na família para apoiar a conversação por sinais e sua articulação aos sons. Essa voz dos surdos é um objeto incrível.

N. Aviv — Gostaria de fazer uma ópera com essas vozes.

É. Laurent — É um objeto perturbador. Sentimos isso. É, ao mesmo tempo, estranho e fascinante.

N. Aviv — Com o tempo, nos acostumamos.

É. Laurent — Podemos dizer que nos acostumamos, podemos dizer também que nos aprofundamos na estranheza. À medida que isso se torna mais familiar, torna-se também mais estranho. Está aí o tempo todo. Essa sonorização particular torna isso muito presente.

Banho de olhares

É. Laurent — Extraordinárias também são as conversas entre mães e filhas. Elas apresentam uma variedade de características ao mesmo tempo: ternura, cumplicidade, envolvimento, atenção. Uma mãe (surda de nascença) mostra à sua neta (que lá não está) o filme que ela fez, cativada, quando sua filha tinha apenas 10 meses: na presença e sob o olhar do pai (surdo), a criança aprende suas primeiras palavras, em sinais. Nós nos movemos entre esses olhares. Estamos imersos nesse banho de olhares, nesse modo de comunicar, que faz comunidade. Isso é ainda mais marcante que, na primeira geração, a avó (a única criança surda de sua família) lamenta não ter tido, nesse banho, a cumplicidade com sua própria mãe (não surda), pouco propensa a aprender a língua de sinais, não plenamente com sua filha, por não tê-la, ela mesma, praticado.

N. Aviv — É esse modo de fazer comunidade que vai inventar a linguagem israelense de sinais, que não existia no início.

É. Laurent — Há uma mistura de níveis de linguagem, desde a mais íntima conversa “intergeracional”, até o laboratório de línguas, presente em todos os seus filmes, o que nos leva ao encontro de linguistas absolutamente impressionantes.

N. Aviv — Tenho que te dizer, a primeira linguista que vemos no filme faleceu há um mês; estou triste por ela não estar mais entre nós e feliz por ela estar aí, presente no meu filme.

É. Laurent — A heterogeneidade dos níveis de língua se duplica sobre aquela dos lugares, em uma mistura não menos surpreendente. O encontro entre a boemia berlinense e a aldeia de Kafr Qasim particularmente.

N. Aviv — Sim, Daniel é alemão e vive em Berlim com Meyad, nascido em Kafr Qasim. Sua mãe é polonesa, seu pai é congolês; eles vieram para a Alemanha porque as escolas para surdos são melhores ali do que na Polônia.

É. Laurent — Durante essas viagens, esses encontros, inventa-se um grande uso de iPads, iPhones pelos seus atores-personagens. Diálogos de sinais por Skype ou FaceTime povoam o filme de telas abismais.

N. Aviv — Isso substitui as janelas dos filmes anteriores. Mas estas são pequenas janelas...

É. Laurent — A invenção das janelas em seus filmes é sempre surpreendente. É uma materialização do enquadramento como tal, uma mostra da janela como algo fundamental.

Ensinemo-nos

É. Laurent — Acho que o seu filme deveria ser exibido em todas as escolas de psicanálise e especialmente àqueles que cuidam de adultos ou de crianças que têm dificuldade com a fala, em casos de autismo e não somente..

N. Aviv — Os surdos não têm problemas com a linguagem.

É. Laurent – Sim, mas existem surdos autistas, do mesmo modo que se pode ser surdo e neurótico, surdo e psicótico. Digamos que os surdos tenham os mesmos problemas com a linguagem que os outros.

O uso original que eles fazem da montagem das telas transformadas em instrumentos – de uma interação muito mais sofisticada do que o selfie daqueles que, em nosso mundo, têm uma relação padronizada com a linguagem – pode dar muitas ideias a terapeutas para fazer contato com sujeitos que, eles mesmos, podem ter problemas com a linguagem de ordem um pouco diferente.

N. Aviv – Ouvi dizer que alguns autistas que lidaram com a língua de sinais foram capazes de dizer coisas que não poderiam dizer de outra forma. Crianças ouvintes, para as quais a linguagem é problemática, encontraram outra relação com a linguagem através da lalíngua de sinais.

O verbo contra o sinal

É. Laurent — O conflito entre a oralidade (obrigação dos surdos de aprenderem a falar) e a lalíngua dos sinais (modalidade do gesto) tem estado muito distante. O recente livro de um americano, Gerald Shea(1) (deficiente auditivo, não totalmente surdo) mostra, ao longo da história, alternância entre os períodos em que os surdos eram forçados a falar e aqueles em que lhes era permitido o livre acesso à língua dos sinais. Aprendemos em seu livro que a história de Helen Keller, surda e cega desde os 19 meses de idade (2018 é o quinquagésimo aniversário de sua morte) foi deliberadamente enfeitada a ponto de resvalar pelo falso. Muitos de seus escritos, como o conto “O Rei do Gelo”, que ela teria escrito aos onze anos, foram, parece, de autoria de sua tutora, Anne Sullivan. Sua autobiografia de 1903 é dedicada a Graham Bell “que ensinou os surdos a falar”. Ele mesmo impulsionou Helen Keller para uma maratona de conferências para matar, no nascedouro, a língua dos sinais nos Estados Unidos. Inventor do gramofone [do telefone, N.T.] e eugenista, ele se opunha ao uso da língua dos sinais e queria impedir que os surdos se reproduzissem entre si. Ele visava a sua regulamentação para evitar a criação de isolats [uma espécie de gueto, N.T.] de surdos. Ele, portanto, prejudicou muito a língua deles. Ela foi reintroduzida nos Estados Unidos por um americano que retornava da França após uma visita ao Instituto Saint-Jacques, local de transmissão da língua dos surdos desde 1755 graças ao Abade de l’Epée, que, no século XVIII, havia compreendido a sua importância e a sistematizou. Os americanos recuperaram assim a relação com o sinal.

N. Aviv — A língua americana de sinais tem, portanto, muita semelhança com a língua francesa de sinais, ao passo que não tem nenhuma relação com a língua britânica de sinais. Quer dizer que ela não passa pela fala, a língua de sinais não é uma tradução de línguas faladas. Por razões históricas, assim, a França exportou a língua francesa de sinais.

É. Laurent — Em seu filme, uma pessoa surda atesta que se impedia a comunicação por sinais no pátio da escola para continuar, além das horas de curso, o empenho para forçar a fala. Essa é a versão soft da interdição contemporânea. No livro de G. Shea, aprendemos que na Idade Média, para “abrir a palavra” dos surdos, colocavam brasas nas bocas deles. Em nome do texto sagrado, enunciando que “no princípio era o verbo”, era necessário que todos tivessem o verbo.

N. Aviv — Após o congresso de Milão, em 1880, a língua dos sinais foi proibida nas escolas de toda a Europa.

A gramática do corpo

É. Laurent - No dossiê de imprensa onde você apresenta o filme, você diz que Lacan se afastou explicitamente do vínculo entre linguagem e vocalização, mas que ele teria dito isso apenas uma vez, em 1963. No Seminário sobre a angústia, ele afirma: “Linguagem não é vocalização.”(2)

N. Aviv — Ele diz: “Existem outras maneiras além das vocais para receber a linguagem. Linguagem não é vocalização. Vejam os surdos”.(2)

É. Laurent — Eu acrescentaria que Lacan, desde o início de seu ensino, em 1954, em seu primeiro Seminário, faz referência à linguagem dos sinais. Ele faz referência a um tratado de Santo Agostinho, De Magistro, a um diálogo com seu filho de 17 anos, já um pequeno gênio, infelizmente falecido aos 19 anos. Esse tratado visa o que é linguagem.
Santo Agostinho alí se refere à língua dos sinais. R.P. Beirnaert, que expôs o texto no Seminário de Lacan, diz o seguinte: "Agostinho pergunta ao seu discípulo se examinou bem os surdos que comunicam por gestos com os congêneres. “E mostra que, nessa linguagem, não são somente as coisas visíveis que são mostradas, mas também os sons, os sabores etc”.(3) Lacan assinala: “Exemplos de dois signos que não são verbo – gestus e littera. Aqui, Santo Agostinho se mostra mais saudável que nossos contemporâneos; alguns dos quais chegam a considerar que o gesto não é de ordem simbólica, mas se situa, por exemplo, no nível de uma resposta animal. O gesto, portanto, faria objeção à nossa tese de que a análise se dá inteiramente pela fala. E os gestos do sujeito? Eles dizem. Ora, um gesto humano está do lado da linguagem e não da manifestação motora. Isso é evidente”.(4)

Lacan retoma o exemplo dos surdos que atestam que existem categorias de signos que não passam pela fala, em seu Seminário III sobre as psicoses: “É ainda mais simples se pensarmos no surdo-mudo, que é suscetível de receber um discurso por sinais visuais transmitidos por meio dos dedos, segundo o alfabeto surdo-mudo. Se o surdo-mudo ficar fascinado pelas lindas mãos de seu interlocutor, ele não registrará o discurso veiculado por essas mãos. Eu diria mais – o que ele registra, ou seja, a sucessão dos sinais, sua oposição sem a qual não há sucessão, será que se pode dizer que, propriamente falando, ele o vê?”(5) Assim como no primeiro Seminário, graças a Santo Agostinho, ele havia cortado o elo entre o sensorium da voz e a questão da troca de sinais, ele o corta aqui com a visão, ele finalmente só considera que “isso se vê”. Isso se percebe além de qualquer sensorium. Poder-se-ia dizer que é o corpo em toda a sua superfície que é mobilizado. A linguagem, na sua intenção de significação, causa aí impacto. Assim como a ênfase colocada no filme sobre o jogo do corpo inteiro, da “gramática do corpo”(6), como diz a linguista Wendy Sandler, é muito importante.

Do sinal desconectado do sensorium à instância da letra

Se Lacan acentua a desconexão do sensorium e do signo em seu Seminário sobre as psicoses, é porque esse ponto é crucial para a sua doutrina da alucinação. Quando ele desconecta a voz ou o sinal do sensorium, é para separar a “instância da letra” do phonè [fone: som do fonema, N.T.] e da visão. A voz afônica da alucinação é uma voz, mas não é um phonè [fone]. É uma voz mais próxima do gesto, ou da escrita, uma escrita que ocorre no corpo. Entendemos então o fundamento da querelazinha com Derrida para saber quem primeiro tirou o gramme [letra, N.T.] do phonè. Assinalemos a importância desses lembretes nos primeiros seminários sobre o papel da línguagem dos sinais.

“Esse tempo, no entanto, deveria parecer legítimo, a qualquer exame não prevenido da alucinação verbal, por não ser ela redutível, como veremos, nem a um sensorium particular, nem, sobretudo, a um percipiens, como aquele que lhe daria sua unidade.

De fato, é um erro tomá-la por auditiva por natureza, quando é concebível, em última instância, que não o seja em nenhum grau (surdo-mudo, por exemplo, ou em um registro não auditivo do soletrar alucinatório), mas sobretudo considerando-se que o ato de ouvir não é o mesmo, conforme vise a coerência da cadeia verbal, isto é, a sua sobredeterminação, a cada instante, pelo a posteriori de sua sequência, bem como à suspensão de seu valor, a cada instante, no advento de um sentido sempre pronto a uma remissão, ou conforme se acomode na fala à modulação sonora, a uma dada finalidade de análise acústica: tonal ou fonética, ou até mesmo de potência musical”.(7)

N. Aviv — Eles são surdos, mas não são mudos. Eles são apenas Surdos. Com um grande S. Eles reivindicam isso – como alguns afirmam serem Judeus com um grande J.

Tradução: Antonia Claudete Amaral Livramento Prado

1: Shea G., The language of light : a History of silent voices, Yale University Press, 2017.
2: Lacan J., O Seminário, livro 10, A angústia, (1962-1963), Rio de Janeiro, Jorge Zahar Ed., 2005, p. 299.
3: Lacan J., O Seminário, livro 1, Os Escritos técnicos de Freud (1953-1954), Rio de Janeiro, Jorge Zahar Ed., 1986, p. 287.
4 : Ibid., p. 290.
5: Lacan J., O Seminário, livro 3, As psicoses (1955-1956), Rio de Janeiro, Jorge Zahar Ed., 1985, p. 158.
6: Cf. Grammar of the Body (GRAMBY) Interdisciplinary Research Project mené par la linguiste américaineisraélienne Wendy Sandler (Université de Haifa) et financé par le Conseil européen de la recherche (Union Européenne).
7: Lacan J., “De uma questão preliminar a todo tratamento possível da psicose” (1958), Rio de Janeiro, Jorge Zahar Ed., 1998, p. 538-39.