30 de junio de 2015

FAPOL - Rumbo al VII ENAPOL - Reseña: Segunda Noche preparatoria: "Las Conversaciones del VII ENAPOL", por Nora Cappelletti

La Noche del 4 de junio, y ante más de 120 entusiastas  participantes, se presentaron los estados de trabajo de tres grupos de investigación, a través de sus respectivos coordinadores, quienes participarán de las Conversaciones en nuestro próximo ENAPOL.

Blanca Sánchez, Inés Sotelo y Daniel Millas, coordinadores- respectivamente- de los equipos de investigación: -El imperio de las imágenes hace síntoma en la vida amorosa; -Los niños fascinados, seducidos y educados por las pantallas; -¿Cómo se construye hoy un cuerpo? presentaron los textos.

La coordinación e interlocución estuvo a cargo de Ernesto Sinatra quién enmarcó la Noche en el contexto del VII ENAPOL, presento a los tres expositores, y situó el lugar  central de las Conversaciones en el marco del Encuentro.

La primera exposición estuvo a cargo de Blanca Sánchez. El grupo de investigación que coordina lo integran: Susana Besson, Martín Fuster, Marita Manzotti, Liliana Mauas, Christian Ríos y Alejandro Willington.

Tituló el trabajo: El efecto góndola, título con el que intenta designar el nombre que se le puede dar a uno de los síntomas que el imperio de las imágenes produce en la vida amorosa y erótica.

Destacó que el imperio de las imágenes debe ser diferenciado del imaginario de cada uno. Mientras que lo imaginario como registro no es sin relación a lo simbólico y lo real, y constituye lo que le da consistencia al parletre,  nos enfrentamos en éste imperio a una imagen sin sostén simbólico, desanudada, que prolifera y forcluye al sujeto, porque se ofrece como lo real mismo. Subrayó asimismo, que el imperio de las imágenes se liga a las leyes del mercado y al consumo ilimitado que linda con la adicción.

Propuso tres niveles de lectura:

1ro: cuando el  imperio de las imágenes hace síntoma en la vida amorosa; 2do: cuando el  amor hace síntoma en el  imperio de las imágenes y 3ro: cuando el  imperio hace sinthome en la vida amorosa.

Respecto del 1er nivel: lo  ejemplificó con el caso de una mujer adicta al "tinder": se "droga con hombres". Gracias a esta red  tiene nueve novios y se encarga de satisfacerlos, simulando serles fiel. Declara que no le pone "fichas a nadie, porque mañana puede aparecer en góndola uno mejor".

Situó otro caso: el de un hombre adicto a la pornografía, el cual prefiere ver porno a estar con su mujer.

Ambos casos muestran las complicaciones para entablar un lazo amoroso, ya sea por el empuje a responder a la demanda del Otro- en el primer caso-, ya sea por la compulsión al goce auto erótico, en el segundo. Los dos muestran como el imperio de las imágenes hace síntoma en la vida amorosa.

Para pensar  el segundo nivel de análisis: el amor que hace síntoma al imperio de las imágenes, Blanca Sánchez propuso el caso de otra mujer, que luego de una separación amorosa comenzó a incursionar en Badoo. A ésta mujer le resulta problemático conocer hombres de ésta forma en tanto ella cree "demasiado en lo que ve y le dicen, y luego se desilusiona" (…) "me dejo llevar mucho por las imágenes de los perfiles… mientras yo chateo con uno, ellos chatean con varias mujeres".

Esta mujer, para quién el amor se sostiene en la creencia, no logra sostenerse en esas relaciones casuales, donde las relaciones son de conexión y desconexión, sin compromiso.

En éstos niveles ubica entonces, Blanca Sánchez, el efecto góndola. Las relaciones, y no solo las amorosas -aclara- sino también las amistosas, se configuran sobre el modelo del supermercado: cómo en sus góndolas, se encuentran en las redes infinidad de partenaires que se exhiben para todos los gustos, los que se pueden elegir y también descartar.

En éste punto -subraya- un análisis podrá apuntar a que el sujeto crea un poco menos en la imagen y pueda prestarse un poco mas a la contingencia y al acontecimiento.

Respecto del 3er nivel, se plantearon en el grupo, como interrogante, el modo en  que el imperio de las imágenes podría permitir un anudamiento que favorezca un lazo sinthomático con el Otro.

Esta sería -nos dice Blanca- una mirada más optimista de la época, en tanto permitiría un lazo particular. En ésta línea citó a Ulrich Beck, quién  lejos de ver a internet como el enemigo de los lazos, lo ubica como la posibilidad de nuevas modalidades de encuentro y relaciones, aún cuando desacople cuerpo e intimidad, en tanto abre a una intimidad anónima, global. Sería un lazo sostenido en la imagen, sí, pero lazo al fin.

A diferencia de Beck, y con una mirada más pesimista, cita a Byung-Chul Han quien define al amor actual como el amor del uno al otro uno. Para el autor, ésta es la época de la agonía del eros: así se llama su libro, donde habla de la desaparición de lo hetero, época del puro goce del uno.

Para finalizar, Blanca sostuvo que desde ésta perspectiva quisieran dar una vuelta más sobre el amor en los tiempos del imperio de las imágenes; de qué modo sobrevive el amor en una época de aversión a la palabra, cuando el  emoticón y el chat reemplazan a la palabra de amor; cuando el amuro del lenguaje está horadado por el muro del Facebook.

Continuó la Noche con la intervención de Inés Sotelo quien situó que el nombre del texto  tenía el mismo título del tema que investiga junto a Irene Kuperwajs, Paula Rodriguez Acquarone, Alejandra Rojas, Laura Valcarce y Leticia Varga: "Niños fascinados, seducidos, educados por las pantallas"

Inés Sotelo sostuvo que el trabajo que se propusieron investigar giró en torno a establecer, en relación a los niños y los jóvenes, las consecuencias de haber  estado desde su nacimiento rodeados de pantallas. Establecer si habría variaciones en el modo de lazo con los otros y en la estructuración de la subjetividad, esto es: si la relación con las pantallas hace destino, localizando consecuencias en la clínica y en el dispositivo analítico. Citó a Marc Auge quién habla de "sobremodernidad"  para nombrar el exceso de información, de imágenes y de individualismo. Al igual que Blanca Sanchez, citó a Byung- Chul Han, quién sostiene que el poder disciplinario antiguo resulta ineficiente hoy, y que el poder actual presenta modos de "auto sometimiento" a través de "amables pantallas" que fascinan  en lugar de prohibir.

Siguiendo a G. Wajcman sostuvo que antes el niño era primero un ser de palabra, aquel del que se hablaba. Hoy el niño abandona su ser de ficción para pasar a la televisión: debe ser visto. Ya no es imaginado, es visto.

Y se plantea la pregunta por los efectos de las pantallas: ¿éstas no encubren  y desvían la pregunta por el lugar del Otro?  Ejemplificó con la excelente película paraguaya Siete cajas.

Inés nos transmitió la encuesta que llevaron a cabo entre jóvenes de 10 a 17 años, cuyo crecimiento estuvo rodeado de pantallas. Y también el encuentro realizado con jóvenes que no estaban atravesados por un análisis.

Mencionó la sorpresa frente a las respuestas obtenidas, en tanto pudieron observar que no sólo había fascinación por las pantallas sino también una mirada crítica. Ejemplifica con las respuestas frente a los momentos donde no pueden disponer de las pantallas-celulares/computadoras: la primera reacción es "bronca", pero luego surgen otras posibilidades: buscar a los amigos, encontrarse con ellos, y también surge el "alivio", el "descanso" frente a la desconexión (aunque transitoria) de las pantallas..

Respecto de la información que obtienen por Internet, en Google, se sitúo el lugar del profesor: ¿para qué los profesores, si "todo" está en Google? Frente a esto, destacó Inés un punto central: los jóvenes resaltaron el "amor del profesor" con lo que enseña, el brillo de algunos docentes; es decir, lo agalmático, el deseo vivo, no anónimo, a diferencia de la información que circula en la red.

Respecto del dispositivo analítico, Inés se preguntaba cómo ubicar la relación "síntoma-pantalla". ¿Qué clase de partenaire es? ¿Su uso puede transformarse en un síntoma? ¿La relación con las pantallas produce engaño y  devastación, o será un nuevo modo de lazo? ¿Hay que incluir las pantallas en el dispositivo analítico? El punto que les interesa situar -respecto de estas cuestiones- son los efectos de goce sobre el cuerpo que tienen estas imágenes: modalidad de goce para el que se necesita un cuerpo y que las pantallas posibilitan. Esas pantallas en las que los niños quedan capturados, fascinados y consumidos por imágenes,  que a su vez domestican la mirada, en tanto velan y protegen de lo real.

Respecto del caso de una joven que se realizaba cortes en el cuerpo y subía fotos a las redes, se preguntaba Inés: ¿Dónde está el goce? ¿En darlo a ver? ¿En verse ella en la pantalla?

La orientación que  guía la investigación que llevan a cabo, en relación a la casuística, es  por la vía del  síntoma, lo que no anda, ahí donde se produce la falla de la representación, donde se ubica el instante de la angustia, la aparición de lo siniestro.

No se trata -nos dice Inés- de hacer psicoterapia con arreglos "ortopédicos" sino -con prudencia- saber de lo real que anida en lo ciego de lo imaginario mismo.

La última intervención estuvo a cargo de Daniel Millas, cuyo texto lleva -también- el nombre del tema que investigan: ¿Cómo se construye un cuerpo hoy?

El grupo de investigación que coordina está formado por: Silvia Chichilnitzky, Raquel Vargas, Karina Millas, Pablo Fridman, María Eugenia Cora, Gabriela Basz, Andrea Zelaya Gabriel Racky y Roberto Bertholet.

Daniel Millas sostuvo que la pregunta del tema que los convocó al trabajo, los llevó a preguntarse acerca de cómo el cuerpo se construía "antes" y a ubicar los determinantes estructurales que se mantienen.

Con ese marco establecieron diversos temas a investigar, y Daniel ubicó los distintos ejes que cada uno de los integrantes se propuso investigar:

- La constitución del cuerpo por la incorporación del lenguaje. La atribución subjetiva del cuerpo en tanto es algo que se tiene: Tener un cuerpo. En este eje trabajan Daniel Millas y Raquel Vargas.

Subrayó la cuestión del cuerpo como construcción a partir de piezas sueltas, y lo que en la actualidad suplementa  la función de anudamiento del Nombre del Padre.  Aquí se abre al estudio de las invenciones contemporáneas que responden a la problemática del cuerpo, en tanto la función reguladora de las identificaciones simbólicas declina. Eje que investiga Roberto Bertholet.

- Otro punto: El cuerpo de la ciencia, que se pone en la mesa de operaciones para ser transformado, reparado, amputado. Destacó que aquí se está lejos del cuerpo sagrado, inexpugnable, de la religión o la magia. Este punto lo está trabajando Pablo Fridman.

Retomó Daniel, de Lacan, el texto "Del psicoanálisis y sus relaciones con la realidad", en tanto allí Lacan introduce los efectos que produce la disyunción entre el goce y el cuerpo. Los otros discursos se enredan, nos dice, y esto es lo que hace que lo real llegue a flotar. Eje que aborda, asimismo, Raquel Vargas.

Las variaciones de los semblantes consuenan con lo real del goce que repercute directamente en los cuerpos, destacó.

- Otro eje a trabajar, sostuvo, es el de "el cuerpo en el arte". El estatuto del cuerpo tomado como material del arte, que no solo descompone su  imagen, sino que se ofrece como un objeto para ser seccionado, pintado, tatuado y sometido, en algunas performances, a la fijeza del tiempo. La performance la situó como: "forma artística de resistencia" y en respuesta a la concepción del cuerpo cómo un producto más  de consumo.  Andrea Zelaya y Silvia Chichilnitzky - que son quienes trabajan en torno a ésta punto- toman como referencia a Marina Abramovic en la performance "La artista está presente".

- El cuerpo y las tecnociencias, es otro de los puntos abordados, a partir de dos preguntas: ¿Asistimos al reemplazo de la experiencia subjetiva por el flujo de información y la inflación de la imagen? ¿Las nuevas tecnologías constituyen un obstáculo a la producción de ficciones y a la elucubración de saber? María Eugenia Cora es quién, dentro del grupo, abordo éste eje.

- El cuerpo y los semblantes contemporáneos.  Algunos fenómenos actuales, por ejemplo las tribus urbanas, hacen pensar que el anudamiento estructurante del cuerpo requiere, especialmente en la adolescencia, un nudo extra  cuyo resultado es la construcción imaginaria de otro cuerpo. La identificación a los S1 de la tribu, funcionan como Nombres del Padre para cada uno. Destaca Daniel que la debilidad mental implica un modo de anudamiento imaginario para tomarse como Uno y hacer de la imagen un uso que reúne lo fragmentado, lo suelto. Este punto es abordado por Gabriela Basz.

Un eje que recorre los distintos puntos, es "El cuerpo en la práctica analítica". Subraya Daniel Millas que la propuesta es no quedarse en la descripción sociológica de las "rarezas" de la actualidad, sino investigar las diferencias cualitativas que se producen a partir de estos cambios y su incidencia en la práctica analítica.

Situó Daniel los interrogantes que los guían:

-Los fenómenos de "deconstrucción del cuerpo" en las urgencias subjetivas.

Las respuestas sostenidas en una lógica del "para todos", fracasan en el intento de resolver las cuestiones del goce del sujeto. Lo demuestra la proliferación de dispositivos comunitarios, grupos de autoayuda, terapias alternativas, el aumento del consumo de psicofármacos. "Cuerpos en guardia", marcados por la urgencia,  que requieren de intervenciones rápidas, constituye,  para algunos sujetos, el modo de restaurar un lazo con el Otro. A partir de la experiencia en una guardia hospitalaria, trabajan  viñetas clínicas que les permiten desarrollar los problemas planteados. Karina Millas, en particular, aborda la cuestión de dichas viñetas.

Otro tema central -nos dice Daniel- se refiere a los cambios producidos en el modo de intervenir en nuestra práctica. En éste punto destaca el lugar del cuerpo del analista en la práctica y su relación con la transferencia y la interpretación, lo que abre al debate la cuestión del análisis vía Skype.

Luego de las tres intervenciones se dio lugar a un debate enriquecedor, donde se puso al trabajo las distintas perspectivas que abrieron los textos, lo cual hizo surgir nuevas preguntas que serán retomadas en las Conversaciones.

La próxima Noche Preparatoria del VII Enapol se desarrollará el Jueves 2/07, a las 21hs. Tendrá cómo invitado especial a Rómulo Ferreira da Silva, quién disertará sobre: "La adolescencia bajo el imperio de las imágenes". 

Presentarán los estados de trabajo, en torno a las investigaciones que coordinan "Rumbo" a las Conversaciones, las colegas Gloria Aksman: "Sexualidad virtual: hombres y mujeres" y Patricia Moraga: "El Psicoanálisis y el mind-body problem".

Coordina y anima la Noche: Fernando Vitale.

¡Una Noche imperdible! ¡¡¡Los esperamos!!!
 

Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano

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29 de junio de 2015

LACAN COTIDIANO. Sacrifico, ¡El retorno!, por Philippe De Georges


Sería una pena hablar de víctima sin tener en cuenta el fondo sobre el que se inscribe y pretende darle sentido: la expiación y la redención. Desde el momento en el que se aleja de la simple lógica criminal -del hecho diverso, de la anécdota pasional o de la novela policiaca, de la historia a la Historia, del drama privado a los grandes acontecimientos trágicos donde se dibuja nuestro destino-, víctima resuena con sacrificio. Es necesario, entonces, volver una vez más sobre lo que está en juego en el acto sacrificial.

Parece acompañar a la humanidad hasta el punto de que parece constituir por sí solo la esencia del lugar social. Pero no es universal, ni en todo momento ni lugar. Nace con la invención de la agricultura y se asocia al modo de vida social que esta inicia.

Desde las Luces, después de algunas etapas, y la llegada de la democracia moderna, pareciera que los hombres querían pasar esta página sangrante, romper con esta aparente imperiosa necesidad y adoptar otros modelos de regulación social. Cierto es que la elevación de la “viuda” o “navaja de afeitar nacional”, que domina, en la sombra, el tiempo del Triunfo de la Razón, relativiza esta esperanza.

Los acontecimientos recientes -caída del patriarcado y retorno de Dios con su pasado funesto- obligan a reconocer que lo que había sido echado por la puerta grande vuelve por todas las ventanas. Por eso se puede escribir, encabezando el porvenir: Sacrificio, ¡el retorno!

El retorno del sacrificio supone que algunos elementos se junten. Es necesario como telón de fondo una creencia. La que funda y legitima el proceso. Creencia en una figura transcendente que reclame esta práctica. Es la que, por ella y en ella se juega la partida, es necesario satisfacer o en la que es necesario tranquilizar la ira. La diosa Tanit no es extranjera al linaje, que abraza a los padres furiosos, a los dioses vengadores y a las madres destructivas.

Esta creencia es la lógica del sacrificio, se encuentra estructurada por un discurso: relato cosmogónico, leyenda de la caída y de la falta original o explicación del mundo. El sentido hinchado.

También es necesario un sacrificador, un oficial (una o dos personas, poco importa), que porte el discurso y haga de mediador con el ser al cual se dirige el sacrificio. Es siempre el que soporta el acto y su rito.

¡Pero todo eso no sería nada sin la víctima! ¿Quién es ella y qué es lo que la designa? ¿Se trata aquí de las primicias, de la cosecha o del rebaño (ya que no hay más sacrificio que después que hay agricultura)? En todo caso, el animal, cuando lo es, es un prójimo, es un semejante, sustituto metonímico del ser humano.

Pensemos en los jóvenes y las vírgenes que reclama el Minotauro, a Iphigénia o a Isaac, sea el niño amado u odiado, o en los hijos de Dios incluso. El sacrificio de si mismo no difiere sobre el fondo de la elección hecha de dar la muerte al otro -la lógica es la que Lacan ha descrito en el asesinato a propósito de Aimée.

Ese escenario configura una estructura cuyo parentesco con lo que Lacan define como fantasma sadiano es, para los lectores de “Kant con Sade”(1), evidente. Algunas cuestiones, que se plantean cada vez que la actualidad llama al sacrificio, encuentra aquí sus respuestas. ¿Dónde está el sujeto? ¿Cuál es el estatuto del objeto? ¿Quién goza? Tales son las interrogaciones despertadas por todos los comentadores, tanto a propósito de los escenarios imaginados por el “Divino Marqués” como de las ejecuciones iterativas sobre el Terror, o las actuales puestas en escena macabras de Daesh o cualquier otro grupo terrorista.

No es necesario decir que la reaparición del sacrificio a la que asistimos está directamente unida al retorno de lo religioso (bajo forma necesariamente extremista, integrista y fundamentalista) y a la resistencia puesta por el patriarcado al declive social de la imago paterna, consumado en Occidente.

Es este aspecto, reactivo en tanto reaccionario, el que explica tanto la violencia del fenómeno como su aspecto caricatural y su ausencia de futuro. Freud pudo demostrar cómo la figura del padre en el Edipo aleja del sujeto las sombras maléficas de la madre toda poderosa y voraz, como las del padre obsceno y gozador de la horda. Las figuras que retornan hoy día no son las del un dios del amor, sino más bien las de dioses feroces y ávidos de sangre.

En cuando a la credulidad disponible para que esas viejas lunas se sirvan, nos hace constatar que nada de eso sería posible sin que lo aprueben un número considerable de sujetos contemporáneos, para quienes el mundo que les proponemos -con su apología ad nauseam de la “marchandización” del cuerpo y su pornografía general- no es más que fuente de aburrimiento, de soledad y de desesperanza. Su conversión -porque siempre hay una- re-configura “el mundo”, saturándolo de sentido y de orden.

Ese desbordamiento devastador prolifera en la gran vida hipermoderna, ofreciéndose como un anudamiento monstruoso, cuyo maestro es la muerte. Poco les importa, pues fuera de los ritos nada tiene sentido, y es el resultado de la necesidad de pagar la deuda que para cada uno supone el hecho de vivir. Lacan aquí incluso nos aclara: “El Otro no existe, no me queda más que tomar la falta sobre el yo, es decir, creer en lo que la experiencia nos conduce a todos, teniendo a Freud en la cabeza: al pecado original(2).

Es ese exilio del sujeto vuelto sobre sí mismo y a su sólo anclaje en el goce, el que aboca a los candidatos a la muerte. Vomitan el mundo laico y profano de la época del Otro que no existe.

Saben intuitivamente lo que dice la etimología de la muerte sacrificial: sacer facere, o sea, producir lo sagrado. Es un Otro no barrado, que esperan reanimar por el humo de los holocaustos. A la voz que susurra “No, la vida no vale nada/nada vale la vida”, oponen la voz del sacrificador y del martir: “¡Hay algo más precioso, más allá de la vida!” Así protestan de la dignidad que procura a cada sujeto el significante amo a su sed de S1 y hacen siniestramente eco de lo señalado por Freud: “La vida se empobrece, pierde su interés desde el instante en el que a los ojos de la vida, ya no es posible la apuesta suprema: la vida misma”(3).

Notas:
1. Lacan J., « Kant con Sade », Escritos, Seuil, 1966
2. Lacan J., « Subversion del sujeto y dialéctica del deseo», Escritos, op. cit., p. 820.
3. Freud S., « Consideraciones actuales sobre la guerra y la muerte », Ensayos de psicoanálisis, Payot, 1968, pp. 235- 267

Traducción: Maricruz Alba

28 de junio de 2015

IL TRANSFERT NEL XXI° SECOLO, di Antonio Di Ciaccia (Dibattito preparatorio Convegno SLP Ravenna)

Nella presentazione del tema del X Congresso dell’AMP che avrà luogo a Rio de Janeiro nel 2016 Jacques-Alain Miller apparentemente non mette l’accento sul transfert. Dico apparentemente, perché tutto il suo intervento sottende la questione seguente: come poter analizzare quando l’inconscio di Freud viene sostituito dal parlessere di Lacan? Cito J.-A. Miller: “analizzare il parlessere non è più esattamente la stessa cosa che analizzare l’inconscio nel
senso di Freud, e neppure l’inconscio strutturato come un linguaggio. Direi, anzi: scommettiamo che analizzare il parlessere è già quello che facciamo, dobbiamo però saperlo dire”. [1] 

Nella presentazione di J.-A. Miller, il termine  transfert appare solo in un rapido riferimento che lo riguarda direttamente come colui che è all’opera affinche si continui quel transfert di lavoro che caratterizza la nostra Scuola Una, e le cui pietre miliari sono i Congressi. Ma si tratta solo di lavoro in questo transfert? Alla mente mi sono ritornate le ultime frasi di Lacan quando aveva proposto a coloro che lo amano di seguirlo: l’amore è centrale nel transfert, e forse solo nel transfert l’amore è reale, almeno nel senso che là l’amore ricopre esattamente il suo ruolo: quello di venire al posto del rapporto sessuale che non c’è.

Ma come maneggiare un elemento così incandescente? Soprattutto quando non è affatto vero che l’amore di transfert è a senso unico, ossia dall’analizzante all’analista - Breuer per primo e Jung per decenni hanno concretamente illustrato che l’analista cade nella rete fantasmatica, più o meno inconscia, dell’analizzante, in misura non minore di quanto l’analizzante possa essere preso nella rete dell’amore di transfert rispetto alla funzione analista.

Sappiamo che Freud, scoprendo il transfert e l’amore che esso comportava, cercò di trincerarsi dietro quel positivismo scientifico che lo avrebbe protetto… da che cosa, da chi? E’ stata sufficiente una frasetta della giovane Dora perché egli si trovasse mandato via come un servo inetto. Per quanto riguarda Lacan possiamo dire senza ombra di dubbio che egli è stato un vero genio nell’arte del transfert. E sappiamo pure che non aveva freddo agli occhi, e che seppe affrontare la questione dell’amore come pochi sanno fare. E, direi, in un certo qual modo seppe affrontarla anche per noi.

Conosciamo tutti la sua soluzione, quella classica: il transfert è sì amore, ma se non si vuole ricadere nelle manifestazioni in auge in ogni infatuazione dai vari colori - romantico, tenero, sessuale, passionale - occorre che il filo transferale si agganci solidamente a un perno che permetta l’operazione analitica contro la stasi, l’inerzia, che è propria del discorso amoroso, almeno quando si crede ricoprire a sufficienza, o addirittura poter cancellare, il fatto che non c’è rapporto sessuale. Questa soluzione è chiamata da Lacan: soggetto-supposto-sapere. Tramite questa soluzione l’amore di transfert cede il passo al lavoro di transfert. Grazie a questa soluzione, senza troppi danni, abbiamo attraversato noi stessi e fatto attraversare coloro che ci affidano la loro parola i flutti del fiume sulla barchetta  soggetto-supposto-sapere . Senza rinunciare affatto al soggetto-supposto-sapere, il transfert nel XXI° secolo richiede che si abbia a disposizione un’altra barchetta per attraversare il fiume anche a valle, ossia - per riprendere l’esempio di Freud - laddove l’Adige ha quasi completato il suo anello attorno alla città di Verona.

Che nome dare a quest’altra barchetta? J.-A. Miller aveva commentato a margine di un passo di  Televisione che la funzione dell’analista si riassumeva nella formula:  L’oggetto (a) incarnato . [2] A mio parere, è il nome dell’altra barchetta. Di questa formula, di solito, si pone l’accento sull’oggetto (a), di cui, si dice, l’analista, nella sua funzione, si fa  semblant – termine in uso, eppure inventato da Lacan per un uso inedito, sebbene per noi italiani possa avere delle risonanze che si declinano dal ‘come se’ al ‘far finta’ (che sarebbe la traduzione corrente del  faire semblant). Se si segue J.-A. Miller nel suo intervento, mi sembra che si possa dire che occorre invece accentuare l’altro termine: incarnazione. Termine che esclude ogni possibile finta. Nella rapida disamina che J.-A. Miller fa partendo da Cartesio, egli si sofferma sul termine husserliano di Leib che, differenziandosi da  Körper , ossia dal corpo fisico, ci dà quel corpo umano vivente che Merleau-Ponty chiama  chair, carne. Termine che Lacan riprenderà quando evoca la carne che porta l’impronta del segno. Tralascio qui il fatto che, a mio avviso non a caso, Lacan non ricorra alle risonanze propriamente teologiche di questa tematica. Ad ogni modo, il mistero dell’unione dell’anima e del corpo secondo Cartesio prende il volo verso il mistero dell’unione della parola e del corpo di Lacan. Da qui il termine ‘parlessere’, neologismo atto a dire questa misteriosa unione.

Tuttavia lo psicoanalista deve sapere che nell’attraversare con il suo analizzante il fiume con la sua nuova barchetta verso l’altra sponda egli avrà a che fare con dei flutti ancora più impetuosi e tumultuosi perché l’amore di transfert – a volte nella sua versione di odio - verrà più facilmente ad agitare le acque, senza più la copertura del pacificante soggetto-supposto-sapere.

Sarebbe comunque opportuno che lo psicoanalista non prenda fischi per fiaschi: se si presta a ricoprire la funzione di soggetto-supposto-sapere, egli sa tuttavia di non esserlo; ma per quanto riguarda il fatto di incarnare l’oggetto (a) egli non deve fare altro che realizzarlo, ossia renderlo ‘reale’. E’ in tal modo che uno psicoanalista si adopererà affiche l’analizzante possa attraversare il fiume e far sì che il parlessere, il corpo parlante, si accordi con i suoi due godimenti: il  godimento della parola , quello che presiede all’instaurazione ma anche alla castrazione dello sgabello –  scabeaustration, scabellostrazione, come dice carinamente Lacan [3] – e  godimento del corpo, il quale sostiene il sinthomo.

Piccola nota finale: non vi sembra che tutto questo prolunghi la problematica dei godimenti delle formule della sessuazione? [4] Non si potrebbe forse rileggerli e riprenderli sotto i nomi di  godimento della parola e  godimento del corpo ? Ecco che cosa è stato per me l’intervento di J.-A. Miller: un mirabile sprazzo di luce sull’ultimo Lacan, tanto più necessario nella misura in cui Lacan fu, a dir poco, parco di indicazioni sulla pratica dei suoi ultimi anni di vita.

Note:
[1] Si veda l’intervento di J.-A. Miller sul sito dell’AMP.
[2] J.-A. Miller, in J. Lacan, “Televisione”, in  Altri scritti, Einaudi, Torino, 2013, p. 515.
[3] J. Lacan, “Joyce le Symptôme”, in  Autres écrits, Seuil, Paris, 2001, p. 567; trad. it. “Joyce il Sintomo”, in  Altri scritti , cit., p, 559.
[4] Cf. J. Lacan,  Il seminario. Libro XX. Ancora (1972-1973), Einaudi, Torino, 2011, p. 73 sgg.

27 de junio de 2015

LACAN COTIDIANO. Elecciones en España: Tres mujeres y un terremoto. Crónicas ibéricas de Miquel Bassols

El prestigioso Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, ha resumido así los efectos de los resultados de las elecciones municipales y autonómicas en España del pasado 24 de Mayo: "Acabamos de tener otro terremoto electoral en la eurozona: los candidatos respaldados por Podemos han ganado las elecciones municipales en Madrid y Barcelona". 

¿Estamos asistiendo, como piensa Paul Krugman, a una réplica del terremoto griego originado por Syriza? Se trata en todo caso de movimientos distintos, surgidos en España del tejido asociativo y de base de las ciudades, de las asambleas de barrio, de las reivindicaciones a pie de calle que el movimiento llamado del 15M puso en el primer plano de la política del país. Las réplicas del terremoto han terminado por llegar así a las esferas más altas del poder.

Y en efecto, Manuela Carmena en Madrid y Ada Colau en Barcelona están, cuando estoy escribiendo estas líneas, en clara posición para ocupar las alcaldías respectivas de las dos mayores ciudades del Estado español. Faltaba añadir un tercer epicentro del terremoto, esta vez en Valencia, donde Mónica Oltra está también a punto de ocupar la presidencia del gobierno en la Generalitat valenciana.
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Tres mujeres, las tres llevadas en volandas por el movimiento surgido hace tan sólo un año y medio con el nombre de Podemos, aunque con distintas declinaciones. Las tres tomarán así previsiblemente el poder en las tres ciudades y zonas más importantes del estado español, ganando a los partidos clásicos que se alternaban hasta ahora en el poder, el Partido Popular, el Partido Socialista y Convergència i Unió en Catalunya.

Digamos en primer lugar lo que estos nuevos movimientos han conseguido en tan corto plazo de tiempo: cambiar las reglas del lenguaje político, trastocar el eje de coordenadas simbólico en el que los discursos, —"dar un sentido más puro a las palabras de la tribu", Mallarmé dixit—, estaban perdiendo su sentido un día tras otro. Es un cambio que empieza por los significantes que designan los epicentros del terremoto: Podemos, Ahora Madrid, Barcelona en Comú, Compromís... No son ya significantes destinados a describir una posición política localizable en el arco parlamentario habitual. Son significantes performativos, —siguiendo de hecho el estilo y el éxito de la consigna "Yes, we can"—, destinados a hacer lo que dicen, a pasar al acto, a dar un paso sin vuelta atrás generando un nuevo sentido. Pablo Iglesias, el carismático líder de Podemos, lo explicaba así: "Siempre he sido de izquierdas, pero nuestros problemas no pueden explicarse en términos de la ideología izquierda-derecha, sino en términos de una lucha contra los privilegiados que están abusando de la mayoría de los ciudadanos que están debajo de ellos". Las nuevas coordenadas del discurso político han pasado así de orientarse según el eje "izquierda-derecha" a hacerlo según el eje "abajo-arriba", mucho más convincente para el ciudadano de hoy, más eficaz incluso desde una perspectiva geográfica: el sur europeo de cálidas aguas mediterráneas contra los oprimentes vientos del frio norte financiero.

Las nuevas metáforas han calado hondo y el terremoto se ha ido transformando en tsunami. Nada indica que deba detenerse en las fronteras, cada vez más tenues, de la Europa del sur, en los límites que se han intentado fundar hasta ahora en la relación recíproca entre significantes, relación en la que siempre es posible suponer un Otro del Otro y que tiene sus repercusiones simbólicas e imaginarias. Es sabido que una frontera distingue dos espacios entre los que puede establecerse una relación recíproca entre representaciones, como es el caso por ejemplo de los consulados que representan a un país para cada uno de los otros. Esta es la lógica del significante. Del mismo modo, la izquierda ha sido izquierda para la derecha y la derecha ha sido derecha para la izquierda. Después del tsunami, la derecha española puede quejarse así de que la izquierda está encontrando su unidad para desbancarla de los ayuntamientos y los gobiernos autónomos. Y no le falta razón, pero desconoce así, a la vez, las razones del tsunami que se le ha venido encima y que ha finalizado un periodo de mayorías absolutas para pasar a un nuevo momento en el que minorías aliadas entre sí aparecen con una multiplicidad de modos de representación. Ya no hay, de hecho, fronteras claras para ordenar a estas minorías, cada una con su propio síntoma a modo de emblema: los desahuciados por las hipotecas, los condenados a la miseria por el sistema financiero, los expoliados de y por su trabajo, los oprimidos por el poder central... "No nos representan", era la consigna que unió a esta amplia variedad de malestares sociales.

Las nuevas fuerzas políticas no siguen ya la lógica de la representación recíproca propia de los significantes anteriores, tampoco de los significantes que intentaron ordenar el mapa de las autonomías en la España del postfranquismo. Siguen más bien la lógica de la disparidad, del litoral, que Jacques Lacan opuso en su momento a la relación recíproca entre significantes, entre sus representaciones y sus fronteras geográficas1. Obtienen su sentido a partir de experiencias subjetivas vinculadas a la singularidad del síntoma, de la opacidad del goce, como solemos decir en la orientación lacaniana. Y seguramente es por ello también que estas nuevas fuerzas están más del lado femenino.

Veamos.

Manuela Carmena, reconocida jurista y antigua militante del Partido Comunista, fue cofundadora del despacho laboralista de Madrid en el que se produjo la sanguinaria matanza de Atocha de 1977, atentado terrorista de la ultraderecha franquista que convulsionó al país. Su acción como abogada laboralista ha marcado un antes y un después en la lucha por los derechos civiles y de los trabajadores, y ello al precio de un sufrimiento subjetivo que Manuela no quiere esconder, tampoco en la reciente contienda electoral: "La campaña me ha hecho sufrir. Si pudiera dar marcha atrás, hubiera preferido otra sin lugar a dudas." En lugar del gastado y ya inútil debate sobre los pactos entre centro y autonomías, Manuela introduce un discurso mucho más seductor para tratar ese real que ha hecho desde siempre imposible la unidad del Estado español: "A partir de ahí, a mí me parece que cuando dos ciudades se gustan tienen menos interés en separarse. Si desde Madrid estamos interesados en lo que pasa en Barcelona y desde Barcelona en Madrid, como que tendríamos menos prisa en plantearnos la separación, ¿no?"

Ada Colau tenía sólo tres años cuando Manuela sufrió en propia carne, aunque por fortuna no estuviera allí ese fatídico día, los atentados de Atocha de 1977. A Ada le gusta iniciar su autobiografía con estas palabras: "Nací la madrugada del 3 de marzo de 1974 en Barcelona. Pocas horas antes, el régimen fascista de Franco asesinaba en la cárcel Modelo a Salvador Puig Antich, un hecho que mi madre me ha recordado aniversario tras aniversario y que ha marcado mi compromiso con la lucha por el cambio social." Ada ha apuntalado su merecido lugar de enunciación en la política en un incansable activismo a favor de los desahuciados por las hipotecas bancarias. Y votó "sí, sí" —sí al derecho a decidir, y sí a un estado independiente— en el referéndum ilegal por la independencia realizado en Catalunya el pasado mes de Noviembre.

Mónica Oltra, nacida en Alemania cinco años antes que Ada, militaba a los quince años en el Partido Comunista del País Valenciano. Adquirió un gran protagonismo con sus intervenciones y apariciones en la cámara valenciana, de la que fue incluso expulsada por vestir una camiseta negra con una fotografía de su presidente, salpicado por los sucesivos escándalos de corrupción del caso Gürtel, con la inscripción "Wanted. Only alive". Y hay que decir que ha obtenido un buen resultado: "¡Qué hostia, qué hostia!" exclamaba, después de conocer los resultados de las elecciones, la folclórica Rita Barberá, hasta ahora alcaldesa de Valencia, sin saber que los micrófonos estaban registrando sus lamentos.

Señalar ahora estos tres rasgos, estos tres conflictos, puede dar una idea de lo que hoy está en juego en la política española, de la fuerza que ha obtenido súbitamente la división del sujeto ante los oscuros significantes del poder que pasaron indemnes la llamada transición después de la muerte del dictador. Es la división de un sujeto que no esconde su sufrimiento ante sí mismo ni ante los otros. Conviene escuchar desde esta perspectiva el discurso de cada una de estas tres mujeres, una por una, para entender la fuerza del conflicto en el que fundan su división y los nuevos lugares de enunciación surgidos, en apariencia de modo tan repentino, en la escena política española.
 
Y es una división que se contagia como un reguero de pólvora. Se contagia con la fuerza del débil que gana sobre la debilidad del poder cuando éste ha mostrado su impostura, su dimisión ante el Otro poder, el de las anónimas leyes financieras, el del fracaso del principio del mercado, el que sigue inexorablemente las leyes de aquel otro famoso "fracaso del principio del placer" freudiano. Estamos ahora en la proliferación de síntomas que retornan de este fracaso y que luchan por hacerse un lugar en la vieja Europa.
 
Ada Colau lo dijo de manera sintética en su primera aparición después de ganar las elecciones: "David ha ganado a Goliat". Y es que Goliat se ha demostrado durante mucho tiempo demasiado débil ante su propio Goliat, ante el Otro que se agita en sus mismas entrañas, el que nos seguirá esperando sin embargo a cada uno a la vuelta de la esquina. 
 
¡Ah! ¡Qué no daría yo por asistir al previsible desencuentro de estas tres mujeres con Angela Merkel!
 

Notas:

1 La diferencia entre la lógica del significante, fundada en la reciprocidad de las representaciones y situada del lado masculino, y la lógica de la letra, del litoral, que pone en suspenso esta reciprocidad del lado femenino, puede rastrearse en la última parte de la enseñanza de Lacan. "La lettre n'est-elle pas... littorale plus proprement, soit figurant qu'un domaine tout entier fait pour l'autre frontière, de ce qu'ils sont étrangers, jusqu'à n'être pas réciproques?" Jacques Lacan, "Lituraterre", in Autres écrits, Editions du Seuil, Paris 2001, p. 14.

Sobre el pasaje de la reciprocidad del significante a la diparidad, cf. Jacques-Alain Miller, "La orientación lacaniana. Extimidad", lección del 4 de Diciembre de 1985, "Sea cual fuere el desfasaje de registro entre lo simbólico y lo imaginario, debe verse que lo que vale es siempre la reciprocidad. La comunicación simbólica no parece más que un calco de la comunicación imaginaria (…) Pasemos de la reciprocidad, simbólica o imaginaria, a la disparidad".Extimidad, Paidós, Buenos Aires 2010, p. 63.

26 de junio de 2015

L'INFLUENZA DELLA PAROLA SUL CORPO, di Donata Roma (Dibattito preparatorio Convegno SLP Ravenna)

Riprendo J.-A.Miller nel suo testo  Biologia lacaniana ed eventi di corpo: “ La definizione generale dell’evento che produce tracce d’affetto è quello che Freud chiama il trauma. Il trauma in quanto fattore davanti a cui gli sforzi del principio di piacere falliscono […] L’evento fondatore della traccia di affetto è un evento che intrattiene uno squilibrio permanente, che mantiene nel corpo, nella psiche, un eccesso non riassorbibile di eccitazione. Ecco la definizione generale dell’evento traumatico, quello che lascerà delle tracce nella susseguente vita del parlessere.” 
 
Per anni ho sofferto di gastriti. Ricordo che arrivata alla prima seduta della mia seconda analisi, ho passato la notte in bagno con conati di vomito. Dopo un po’ di mesi la gastrite è scomparsa, ho pensato: ecco un risultato della mia analisi, ma non ha fatto segno per me, godevo del non volerne sapere di più.
 
Alcuni anni dopo una forte angoscia, che non avevo mai provato fino a quel momento, si manifesta nel corpo: una forte irrequietezza delle gambe, un corpo che di colpo diventa per me di troppo. Per alcuni mesi a un’ora precisa il mio corpo si fa parlante, parla una lingua che io non so capire, so solo che sto male. Cerco di parlarne in analisi, ma ci giro intorno, non associo nulla, sembra che le mie parole non facciano segno sul mio corpo.
 
Poi durante una seduta dico: “L’unica questione che veramente mi angoscia è…”, avevo già parlato più volte di questo in analisi. C’è stato un intervento dell’analista e si è verificato quello che dice J.-A. Miller nel suo intervento  L’inconscio e il corpo parlante:  “ Quello che fa mistero, ma che resta fuori dubbio, è quello che risulta dall’influenza del simbolico sul corpo. Per dirla in termini cartesiani, il mistero è piuttosto quello dell’unione della parola e del corpo. Da questo fatto di esperienza, possiamo dire che è del registro del real e.”
 
Infatti poco dopo riprendo il treno per tornare a Milano e all’ora in cui sorgeva l’angoscia, l’angoscia non c’era più. Ora posso dire che anche se ero in analisi da tanti anni, è da quel momento che la mia analisi ha fatto segno per me sia in posizione di analizzante che di analista. L’angoscia provata e i conseguenti effetti di corpo hanno fatto trauma per me perché il corpo vissuto fino ad allora nell’immaginario, ha toccato qualcosa del reale. La sorpresa è stata altrettanto forte: la parola, il simbolico ha segnato il mio corpo.

Note:
J.-A. Miller, Biologia lacaniana ed eventi di corpo, in,  La psicoanalisi n. 28 , Astrolabio, Roma luglio-dicembre 2000, pp. 14-100.
J.-A. Miller,  L'inconscio e il corpo parlante ,   conferenza di chiusura del IX Congresso dell'Associazione Mondiale di Psicoanalisi, il 17 aprile 2014 a Parigi, come presentazione del X Congresso dell'AMP che si terrà a Rio de Janeiro dal 25 al 28 aprile 2016.

25 de junio de 2015

Fin de l'anayse - un nouveau partenariat ?, par Celso Rennó Lima

Lors de sa première rencontre avec l’Autre, conséquence de l’incidence d’un signifiant, le sujet fait face à un réel qui n’est pas subjectivable. Point d’opacité, nous dit Lacan, point de silence, qui indique le lieu où pourra s’édifier la détermination signifiante susceptible d’écrire le phénomène symptomatique, pour que l’impossibilité installée dans la contingence de cette première rencontre soit constatée. Le symptôme, c’est ce qui ira représenter, manifester, signifier la vérité de cette rencontre, vérité qui nous parle du réel de la jouissance produite par l’inclusion du signifiant traumatique chez le sujet. Cela dit, le symptôme pourra être considéré sous deux versants : d’un côté nous avons le symptôme comme une métaphore dans la mesure où il met en route le signifiant du traumatisme, un signifiant qui fonctionnera comme un index de la mémoire de ce qui a été trouvé comme traumatique.

Le symptôme comme métaphore est un symptôme signifiant qui se trouve connecté à la jouissance sans pour autant se confondre avec elle. D’un autre côté, si l’on suit le développement de la théorie de J. Lacan, on va traiter le symptôme comme une fonction de la lettre, comme le signe de la distance irréductible vis-à-vis du réel. La distinction entre lettre et signifiant est, ici, fondamentale car la lettre se réfère directement à la jouissance tandis que le signifiant se réfère au jouis-sens.

Donc, nous avons d’un côté un « mémorial de jouissance » et de l’autre un « capteur de jouissance ». Quel que soit le versant considéré, nous avons dans le symptôme le signe que quelque chose ne va pas, puisqu’un réel existe qui apparaît comme un obstacle sur le chemin du sujet : il s’agit du réel de la privation, explicité par le fait que les hommes et les femmes se trouvent, depuis toujours, privés de l’élément qui pourrait rendre possible l’écriture du rapport sexuel. Cette impossibilité, qui ne cesse de s’écrire, promeut le symptôme comme la seule possibilité de faire lien. En même temps, elle rend possible une lecture, vu que le symptôme participe d’une écriture, fonction de la lettre.

À ce propos, J.- A. Miller affirme dans son cours L’Autre qui n’existe pas...(1), « que le symptôme est un mensonge sur le réel, surtout un mensonge sur ce réel qui est l’inexistence du rapport sexuel. C’est dans ce sens que Lacan peut dire que c’est bien le symptôme que nous mettons à la place de cet Autre qui n’existe pas. Voire même, c’est le symptôme que nous mettons à la place de l’autre sexe. Ainsi, le symptôme est peut être le seul Autre qui existe ».Il y a néanmoins un vide sur lequel le symptôme s’appuie et à partir duquel il construit son enveloppe formelle. Vide qui s’installe au point même où une jouissance singulière et scandaleuse fut refusée et refoulée par le sujet. (Lacan nous rappelle dans son Séminaire R.S.I (2), que « le névrosé est celui qui n’est pas arrivé à atteindre ce qui pour lui est le mirage d’où il trouverait satisfaction, à savoir une perversion. Une névrose étant alors une perversion ratée »). D’après Freud, ce qui est refoulé, c’est la pulsion, qui se présent sous son aspect intraitable, rebelle et réfractaire au lien social.

Cependant le refoulement échoue et le symptôme surgit comme une façon d’inscrire ce qui insiste, à savoir les marques de la singularité et des fixations du sujet. Le symptôme, tout comme la scène du fantasme fondamental, n’est rien d’autre qu’une enveloppe formelle de la pulsion, une modalité de son exercice, ou encore une forme par laquelle le sujet cherche à appréhender un objet, un partenaire, dans le champ de l’Autre(3). L’objet appelé par J. Lacan petit a, se définit à partir des orifices du corps en marquant le point où le sens ne se laisse pas appréhender dans les maillons du discours. Cet objet petit a circonscrit le vide autour duquel la pulsion fait son circuit, en dessinant par là une écriture qui situe la répétition du symptôme. Une scène concernant et l’acte d’écrire et un regard a défini un point de fixation de la jouissance, en déterminant ainsi un chemin et en établissant une forme symptomatique. La recherche de satisfaction passait par la conquête d’idéaux déterminés par la demande de l’Autre. Dans l’impossibilité d’y répondre, un reste se répétait dans le regard d’une femme. La marque du manque présente dans ce regard était recherchée comme le seul signe de l’existence d’un Autre qui pourrait rendre possible le rapport sexuel. Ce symptôme s’est fixé en créant tout une série de symptômes dont la résolution était indéfiniment ajournée Lacan nous dit que « l’Autre est une matrice avec deux entrées(4) ». L’objet petit a constitue l’une de ces entrées, l’autre étant l’Un du signifiant. Dissoudre la présence de cet Autre était fondamental pour que le sujet pût se libérer des contraintes qui déterminaient la fixation du circuit pulsionnel.

Le symptôme, pour comporter un effet de sens, subit l’action de l’interprétation. Puisque il y a une antinomie entre sens et valeur de jouissance, celle-ci n’est appréhendée que par l’équivoque ; de là on déduit la fonction de la lettre. La réduction du symptôme à la lettre est une façon de renouveler le statut du symbolique, en réduisant ainsi la pulsion à la fonction de trou. C’est bien pour cette raison que l’interprétation de l’analyste a pu pointer le vide et éclairer le circuit qui délimitait l’objet, ce qui se trouvait auparavant voilé par l’interprétation faite par l’inconscient de la rencontre traumatique avec l’Autre sexe.

Cet objet, dès la pétrification du sens dans la scène traumatique, s’incrustait à tous ceux qui présentaient un trait susceptible de répéter la scène fondamentale, nous indiquant ainsi un point de fixation pulsionnelle. Or, la pulsion constitue la forme réelle du fantasme en même temps qu’elle dénonce la limite du symptôme dans l’action symbolique. Le reste qui échappait, qui fuyait, revenait sous la forme de malaise et relançait le vecteur pulsionnel toujours dans la direction déterminée par l’impératif du surmoi. Défaire ce circuit en rendant à l’objet sa caractéristique d’être un objet quelconque, en mobilisant sa valeur de jouissance, est l’un des objectifs d’une analyse.

Dans ce but la stratégie dont s’est servi la psychanalyse a consisté à offrir à celui qui l’a cherchait comme solution, la possibilité que cette scène se répète sous transfert : elle a installé dans le point de non-savoir, un sujet supposé savoir quant à la signification de sa souffrance. Cette stratégie s’est basé sur le fait que l’inconscient repose sur l’inexistence du rapport sexuel et sur le fait que la sexualité ne se représente dans l’inconscient que par la pulsion.

Par le biais de l’objet petit a en tant qu’agalma, il a été possible d’avoir une entrée chez l’Autre ; la construction de la scène fondamentale a été possible à partir de la détermination même de la constante par laquelle le sujet a rapport au réel de la jouissance. Balisée par cette construction, une interprétation s’est opérée en séparant S1 du S2, et en créant un intervalle là où régnait l’opacité propre à la jouissance du symptôme. Ce moment fut celui où la production d’un signifiant a eu lieu en indexant le manque. Un nom est venu établir de nouveaux horizons en faisant ainsi disparaître les points de suspension symptomatique et en faisant intervenir la lettre comme bord au réel. 

L’amour, réponse au réel du non-rapport sexuel, a soutenu le travail du transfert dans la relation à l’Autre du Savoir, et il a disparu par l’action de l’interprétation qui a défait le mystère de la différence sexuelle. Ce moment fut celui où « l’analysant a fait de l’objet a le représentant de la représentation de son analyste5 ». Par là, un nouveau rapport au savoir et le consentement à sa propre façon de jouir ont été inaugurés. 

Ce passage a établi une subversion du symptôme qui, dès lors, repose sur l’aliénation, sur l’Autre barré et marqué par le silence de la pulsion, et non plus sur l’Autre du Savoir, l’Autre non barré, comme le définit Lacan. Nous pouvons dire que l’objet a, cause de désir, fut extrait de la jouissance qui soutenait le symptôme. Par conséquent, et du fait de vouloir ce qu’il désire, le sujet a assumé une responsabilité là où auparavant une garantie était attendue. Cette responsabilité constitue alors la seule position politique possible. Elle est d’ailleurs définie par J.-A. Miller de la façon suivante : « si tout était calculé nous n’aurions alors plus de responsabilité. Il y a responsabilité justement parce qu’une béance existe et qu’il faut la recouvrir par l’acte 6».

Le travail de transfert fut alors remplacé par le transfert de travail, ce qui a dénoté une alliance nouvelle avec la pulsion. Cette alliance n’a pu avoir lieu que par la revitalisation de la marque de nom propre, ce qui a instauré un savoir y faire avec le symptôme. Savoir y faire avec le symptôme constitue l’une des formules possible de la liberté. Le « y » marque la suspension d’un être qui ira nommer le savoir ou le produire..., un être qui nomme le savoir y faire comme ce qui est au-delà de son nom propre, un nom au-delà de l’image de son nom propre (...) C’est précisément du nom propre dont nous parle Lacan à partir de la formule savoir y faire avec son symptôme.

Après la production d’un nom et la rectification du circuit pulsionnel, il a été possible de dire à l’analyste que dorénavant le sujet ne s’adresserait plus à lui mais à l’Ecole, en établissant par là les paramètres d’un nouveau partenariat. 

Notes:
Miller, J.-A. et Laurent, E., in L’Autre qui n’existe pas et ses comités d’éthique, leçon du 18/12/96, inédit.
Lacan, J. in Séminaire R.S.I, leçon du 18/02/75, inédit. 
Miller, J-A. L”Autre que n’existe pas...” 
Lacan,J., RSI, leçon du 21/01/75.
Lacan, J. “Proposition du 9 october 1967. 
Miller, J-A.

23 de junio de 2015

LACAN COTIDIANO. El mal de la juventud, por Nathalie Seban 




Luego de su “Conferencia en la Universidad de Milán, el 12 de Marzo de 1972”, Jacques Lacan enunció lo siguiente: “puede ser que un día haya un discurso llamado, así: “el mal de la juventud”. Pero hay algo que grita… es una nueva función que no tardara en surgir, […] una redistribución de eso que es…de eso que llamo discurso”(1)

Hace años que nuestro campo hace operativos conceptos tales como “el ascenso al zenit del objeto pequeña  a ” o “la declinación del padre”. O, "hemos llegado así parece, al punto de retorno del padre, si no es de entre los muertos…, al menos de entre los menos afortunados".

La generación de la declinación del padre, es la mía. De aquellos nacidos en el '68.  Ni dios, ni amos.  Nada de ideal excepto: Yo, Moi. Yo y mis objetos. “Todo no es más que discurso”; “nada vale”, “No hay futuro”… Podemos constatar, a posteriori, que la bestia murió lentamente y que cualquier cosa del viejo mundo se transmitía en la familia, las instituciones, la democracia.

El mal de mi juventud era ese:  cree  en nada. O, si  nada es un objeto, “creer en nada” era todavía creer en alguna cosa. Lo que captamos de golpe, era la “negación” y el “juicio de existencia”: “Nada (no) existe”. Mientras tanto, permanecía aquello que del inconsciente hacia ex-sistencia, soporte, sostén al síntoma.

Si mi generación, contrariamente a la precedente, no creyó más en un mundo mejor, al menos vivió como una nave errante: propulsado por el movimiento que la había insuflado y a la espera de que la siguiente fuese más creativa, mas deseante –en otros términos, mas esclarecida.

¡Es forzoso constatar que ningún pensamiento grandioso ha emergido de esta postura!

Nosotros que hemos mamado la ironía televisiva, que hemos sido mecidos en la amargura de cínicas letanías, en debates contradictorios, hemos arreglado, cada cual desde su “convicción íntima”. Luego hemos echado pestes contra aquellos que "se" nos han desinformado y a quienes habíamos permitido erigirse en maestros; nos hemos liberado de rumores con un franco dicho: “Nos burlamos de todo”. 

Hoy, no nos burlamos más de todo. Hoy, es la seriedad. La seriedad nos llama al orden, ¿A cuál orden? Hoy, “el mal de la juventud” nos recuerda cruelmente el vacío en el cual hemos dejado a una parte de la generación que nos sucedió. No es el hueco, aquello que del lenguaje agujerea lo real; es el vacío. Mientras más discurso que haga lazo social; más discurso de todo: hay menos para decir.

Por lo tanto, eso habla, eso habla por todos lados sobre el tejido social, pero nadie encarna ante los adolescentes una palabra viva. Lo que triunfa sobre todo, es el “juicio de atribución”:  me gusta/no me gusta, binario propio de la evaluación y de los sondeos. Algunos se quejan de este vacío. Pero, para la mayoría de aquellos que recibo(2), se dibuja un hueco, un abismo, en su mutismo, su “no sé”, en sus párpados bajos o en el miedo de sus ojos dilatados frente a ese otro que le desea cualquier cosa.

Allí, no es cuestión de callarse. Es cuestión de hacer predominar su deseo sobre un “nada vale”. Es una bofetada sagrada que uno recibe al entenderla, unos tras otros, relatar su encuentro cotidiano con los padres “fatigados” que duermen todo el fin de semana o juegan con sus máquinas “para relajarse”. Los padres solos, inquietos, que prohíben de todo “porque es peligroso”; de niños solos, inquietos, que se someten a esta asignación en la residencia destinada a vigilarlos mejor, espiarlos. Soledad contra soledad. Mi clínica es aquella de los adolescentes que son dejados solos, sin vida familiar, sin comida en conjunto, sin palabra, sin meta, sin deseo.

Los adultos que no los rodean sino que los encierran, transmiten nada.  Nada sino la preocupación por los ritmos biológicos: comer, dormir. Él se dirige a ellos solo para escuchar el ritornello imperativo y vacío de sentido: “Debes ir a la escuela para tener un buen trabajo”. ¿Para hacer qué?
Sujetos sin causa que nada causan, las personas mayores no responden a nada, no hacen mas que exigir. Las exigencias descarnadas, desamparadas, desamorosas. Algunos adolescentes se encuentran bajo el yugo de un imperativo sin límites –dan lástima.

¿Cuántos otros se resisten, se niegan, se excluyen? Algunos no pueden, no saben nombrar, distinguir los afectos que los asaltan. Los desbrujulados somos nosotros, nosotros los adultos que hemos tenido, luego perdido, la brújula. Lo que hoy grita es el fastidio, el gusto mortal del fastidio y la vergüenza de estar en el mundo sin un deseo para sostenerse.

Si visualizamos no solo la hipermodernidad -que ya no tiene cuatro, sino una pluralidad de puntos cardinales-, si visualizamos la actualidad, la pregunta es: ¿quién, qué, hoy, dice donde está el norte? 

Notas
1-. Lacan.,”Discurso en la Universidad de Milán el 12 de Mayo de 1972"  Lacan en Italia,  Milán, La Salamandra, 1978, p. 50-51. 
2-. En una institución que acoge a los adolescentes que presentan “problemas”: Problemas de Conductas alimenticias, de comportamiento; fobias escolares.

Traducción: Amilcar Gómez

22 de junio de 2015

Il desiderio girovago - Intervista rilasciata da Jacques-Alain Miller al settimanale Le point

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1. Lacan ci dice che il desiderio non è una funzione biologica. Che dobbiamo dedurne?

Jacques-Alain Miller: Il desiderio non si trova già preformato nell'organismo. Non è un istinto, se con questo intendiamo un sapere infallibile che sarebbe inscritto nel reale del corpo e che lo porterebbe direttamente al suo scopo: il suo benessere, la sua vita, la sopravvivenza della specie. Al contrario invece, il desiderio si smarrisce. Questo tratto è stato riconosciuto costantemente. Da sempre ci si lamenta e si censurano le sue aberrazioni, le sue stravaganze, i suoi vagabondaggi. È stato tentato di tutto per educarlo, regolarlo, dominarlo, ma invano: fa quel che vuole. Da qui l'idea che il desiderio non concerne la natura: è attinente al linguaggio. È un fatto di cultura, anzi è esattamente un effetto del simbolico. Lacan parla dell’ “ordine simbolico”

2. Come parlare di ordine quando il desiderio piuttosto produce disordine?

In effetti. Di recente abbiamo visto aggregarsi intorno alla nozione di ordine simbolico adepti tra gli oppositori al matrimonio omosessuale. Ma c'è un malinteso. L'ordine simbolico designa un insieme di leggi – leggi linguistiche, dialettiche, matematiche, sociologiche –  di cui il complesso di Edipo non fa parte. Lacan l'ha sempre considerato un mito. E su questo si potrebbe dire che è stato molto generoso, perché le versioni triviali sono più vicine alla farsa che non alla tragedia greca, del tipo: è necessario che papà detti la legge alla mamma perché la bambina e il bambino siano ciò che devono essere. Lacan prevedeva che questo programma non si sarebbe mantenuto in piedi per molto tempo, ed è ciò a cui assistiamo oggi.

3. Tuttavia Lacan parla di “struttura edipica”

Si, questo non è né un mito né il cast di una rappresentazione di Guignol. È una combinatoria, che distribuisce termini su luoghi a cui sono attribuite funzioni. Ma non è necessariamente il Nome del Padre a occupare la posizione dominante, a sostenere il suo mondo, a essere la sua pietra angolare. Quello può ben esserlo un sintomo! E quando è il caso, anche se il soggetto vuole sbarazzarsene perché gli crea disagio, il terapeuta deve astenersi dal toccarlo, perché tutto potrebbe crollare. Il desiderio è innanzitutto l'effetto della struttura del linguaggio. Il desiderio è concepibile solo negli esseri parlanti. Possiamo tradurlo così. Nella specie umana, il neonato non solo soddisfa i propri bisogni più elementari, deve passare attraverso un Altro, maiuscolo, capace di soddisfare i suoi bisogni, e per fargli parlare il suo linguaggio deve rivolgergli una domanda. Tutto deriva da lì. La domanda fa dell'Altro un oggetto d’amore. Simultaneamente, la trasposizione da bisogno a domanda produce una differenza: è lì che si colloca il desiderio. Scorre sotto tutto ciò che si dice, persino nei sogni, senza poter essere detto in modo aperto. È il motivo per cui si presta all'interpretazione.

4. L'oggetto del desiderio allora è inevitabilmente inaccessibile?

Il desiderio non è coordinato con un oggetto naturale o sociale. Il suo oggetto non si trova nella realtà comune, ma nel fantasma individuale. Come tale, non è un oggetto di cui si ha bisogno, e non possiamo ottenerlo attraverso la domanda. È piuttosto un oggetto che, se così posso dire, vi toglie il fiato. Nella cura analitica constatiamo che la confessione del fantasma è spesso la cosa più difficile. La relazione del soggetto della conoscenza con l'oggetto della conoscenza è tradizionalmente descritta come armonica e complementare. Nel registro del desiderio la relazione del soggetto con l'oggetto è completamente differente. Lacan mostra che l'apparizione dell'oggetto del desiderio si manifesta, dal lato del soggetto, attraverso un fading: il soggetto non riesce a sostenersi, svanisce, scompare. Per questo passa all'inconscio.

5. Come possono mantenersi in piedi le società se ognuno è ossessionato dal proprio fantasma particolare?

Proprio perché è labirintico e girovago, il desiderio suscita invece l'invenzione di diversi artifici che svolgono il ruolo di bussola. Prendete una specie animale: ha una bussola naturale, che è unica. Nella specie umana, invece, le bussole sono molteplici, in competizione, evolutive. Non sono istituite dalla natura, sono artificiali, montaggi significanti, sono ciò che Lacan chiama discorsi. Questi discorsi dicono ciò che bisogna fare: come pensare, come godere, come riprodursi. Ci sono discorsi di scala molto grande e di lunga durata: le civiltà, le religioni. Organizzano la città, le produzioni, le credenze. Su un’altra scala, ogni famiglia ha il proprio discorso: un sistema di valori, una nozione del mondo, uno stile di conflitti, ecc. Tuttavia, il fantasma di ognuno rimane irriducibile alle idee veicolate dai discorsi.

6. Quale orizzonte indicano queste bussole?

Fino a un'epoca recente, tutte indicavano verso lo stesso orizzonte: il Padre. Le civiltà, le religioni, le società erano patriarcali. Il patriarcato come forma di organizzazione sociale sembrava essere una costante antropologica. Il declino del discorso patriarcale fu accelerato con l'uguaglianza delle condizioni, con l'ascesa al potere del capitalismo, con la rivoluzione industriale. Balzac lo segnala a metà del secolo XIX, Hannah Arendt a metà del secolo XX: l’autorità è in decadenza, l’autorità non è più una via che soddisfa l'umanità. Lo stesso De Gaulle, che era una figura autoritaria per antonomasia, voleva inaugurare l'era della “partecipazione”.

7. Vuol dire che usciamo dall'era del Padre?

Un altro discorso è sulla buona strada per soppiantare discorso il unico di una volta. L'innovazione invece della tradizione. Il fascino del futuro dove il peso del passato incatenava. Più che la gerarchia (verticale), la rete (orizzontale), il femminile prende il posto del virile. Non si conserva più un ordine nei suoi limiti immutabili; ci inscriviamo in flussi di trasformazione che allontanano incessantemente i loro limiti.
 
8. E l'Edipo freudiano che fine fa in tutto questo?

Freud appartiene senza dubbio all'era del Padre. Ha fatto molto per salvare il Padre. La Chiesa, d'altra parte, se n'è accorta e lo lascia celebrare ai suoi teologi più avanzati. Lacan ha seguito la via tracciata da Freud, ma l'ha portato altrove. L'esperienza analitica dimostra che il Padre è in sé un sintomo. Il desiderio del Padre, il desiderio per il Padre, si lascia interpretare. In questo libro, Lacan lo mostra con l'esempio di “Amleto”, di Shakespeare. Il principe Amleto è messo alle strette a causa del fantasma del padre. La parola del Padre letteralmente lo fa ammalare, lo impazzire, è il suo sintomo. Il desiderio di Amleto, prigioniero del Padre, finisce per emanciparsene, ma al prezzo della morte. Questo seminario al tempo stesso è un grande libro teorico e clinico. Lacan offre anche una clinica inedita dell'esibizionismo e del voyeurismo. Si capisce come ogni desiderio abbia un nucleo perverso.    

9. Il seminario si conclude anche con un elogio della perversione! 
 
Ciò che comunemente si considerò di Lacan è l'accento posto sull'Edipo, la messa in evidenza della funzione del Nome del Padre, la messa in formule del montaggio freudiano. Quello è il punto di partenza di Lacan. Ma, dal Seminario VI, il concetto di desiderio sposta le cose. L'Edipo non è l'unica soluzione del desiderio, è solo la sua forma “normale”, normalizzata, la sua prigione. Anche l'Edipo è patogeno. Il destino del desiderio non si limita all'Edipo. Da qui l'elogio della perversione con cui conclude il volume. La perversione, nel senso di Lacan, traduce una ribellione contro l'identificazione conformista che assicura il mantenimento della routine sociale. Dato che, secondo Freud, la pulsione può perfettamente soddisfarsi nella sublimazione, cioè in attività chiamate culturali, non si sovrappone alla “sostanza del rapporto sessuale”. Svuotata dal godimento sessuale, la pulsione sussiste sotto forma culturale, dove s’infila quel godimento della lettera che  danno l'arte e la letteratura.

10. Lacan annunciava “la riorganizzazione di conformismi precedentemente instaurati, persino la loro esplosione”. Siamo a questo?

Questo seminario parla del 2013. I sostenitori del Padre sfilano per le strade in nome della tradizione, tanto che i  Pépère*, i “tesorucci" vogliono creare norme che sostituiscano quella tradizione. Lo psicoanalista non ha vocazione a diventare guardiano del vecchio ordine, il cavaliere di una causa persa. Non può credere neanche nel radioso avvenire: la via del desiderio non è una festa. Così, lui interpreta. Si deve scegliere, la scelta è forzata. Perché tornare indietro è impossibile.

* Soprannome dato a François Hollande dai suoi collaboratori

Traduzione di Edison Palomino e Alberto Tuccio